El Tiempo y su Medusa

Sábado 21 de abril de 2018
La Medusa era (es) un monstruo del inframundo que convertía en piedra a quienes la miraban fijamente a los ojos. Fue vencida por el ingenio de Perseo que usó en tal situación de decapitación un Escudo Espejado y el Casco de la Invisibilidad.
“No la mires a los ojos; si la implacable Medusa clava su mirada en la tuya te convertirás en piedra”, le previnieron los dioses. Así también, nosotros, los Buscadores del Tiempo, somos la Medusa de nuestra presa. Pero el Tiempo también es ingenioso: ha desarrollado un sentido mucho más veloz que nuestra inteligencia: apenas se sabe observado se vuelve lento. El astuto huidizo se detiene y decimos “el presente es eterno”. Y en cuanto dejamos de mirarlo, se mueve, acelera, y decimos: “Caray, la vida se nos pasó volando”.
¿Y cómo sabe el Tiempo -sin el escudo y el casco de Perseo- que lo miramos, si ni siquiera tiene ojos? Pues porque nuestra mente le avisa (¿habremos de engañar, entonces, a la vez a nuestra mente para fisgonearlo sesgadamente sin que se dé cuenta?). Es preciso engañarla a ella primero porque suele mezclar “Distancia” con “Telón de fondo” sobre el que ocurren los sucesos (una estrella dejó de existir hace miles de años pero aun titila en la noche; o soñamos hoy cosas que ya ocurrieron. La mente confunde suceso y telón).
Agustín de Hipona lo definió: “¿Qué es, pues, el Tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé”. Lo que ocultó Agustín fue que el Tiempo es un telón y nos empeñó a dilucidar sucesos. Pero ahora sabemos: ¡Agustín era un señuelo del Tiempo! Él nos guió para que tomemos el camino equivocado, el camino por el que jamás lo encontraremos.
Para entender qué es el Tiempo debemos hacerlo con una mente alternativa, y dejar de lado a Agustín.

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