El fantasma del Fondo

Domingo 13 de mayo de 2018
Hace más de 60 años que la Argentina mantiene una tumultuosa relación de odio y amor, de mentiras, traición y arrepentimiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Este organismo internacional comenzó a funcionar en 1946 y Argentina ingresó como socia en abril de 1956. Se presentan como promotor de la estabilidad financiera y la cooperación monetaria internacional. Surgió cuando los representantes de 44 países acordaron establecer un marco de cooperación económica internacional destinado a evitar que se repitieran las devaluaciones cambiarias competitivas que contribuyeron a provocar la Gran Depresión de los años treinta.
En medio de esta relación de rechazo y reconciliación periódica, suman 26 acuerdos con el país, de los cuales 18 son stand by – como es la idea ahora y donde el organismo busca garantizar la capacidad de repago de deudas que tiene el país y exige actuar en consecuencia- y, el resto con pagos de facilidades extendidas. Todos los colores políticos, recurrieron al Fondo y nadie mostró resultados brillantes. Peronistas, radicales, aliancistas y el desarrollismo, formó parte de la cartera del organismo internacional.
Durante el gobierno de Néstor Kirchner en 2006, se canceló en un solo pago la deuda con el FMI por más de 9.800 millones de dólares. De ello hace 12 años y en total 15 años, desde la última vez que se pidió ayuda. Aunque la Argentina nunca dejó de pertenecer al FMI, se pensaba que se dejaba atrás una relación que la historia demuestra nunca resultó favorable a la Argentina, en parte por la mala administración de los gobiernos de turnos. 
Los argentinos asocian al FMI a épocas de crisis y fracasos. De allí el elevado rechazo a este acuerdo según lo demuestran las encuestas de esta semana. Hay desconfianza de la población ante la decisión de recurrir al Fondo, plantean las encuestas. Otros dos sondeos coinciden  que la inflación está al tope de la preocupación de la gente y que la situación personal empeoró con este gobierno. 
En esta relación de amor y odio con el FMI, existen suficientes argumentos si se repasa lo sucedido. Como referencia, en 1991 el organismo internacional aprobó el plan de convertibilidad,  diseñado por el entonces presidente Carlos Saúl Menem y el ministro de Economía, Domingo Cavallo, que terminó en privatizaciones, achique del Estado e hiperinflación. Lo mismo sucedió cuando al país peor le iba, el Fondo le cortó la asistencia tras la derrota electoral de octubre de 2001 al presidente radical Fernando de la Rúa, que derivó en saqueos y se terminó decretando el default de la deuda. Fue una de las peores imágenes que dejó el FMI en la Argentina.
Tras el último pedido de asistencia económica -hace quince años- y tras cancelarse compromisos, el organismo había sancionado en 2013 al país por la falta de estadística transparente durante la gestión de Cristina Fernández. Pero fue el gobierno de Mauricio Macri, quien en 2016, permitió las revisiones anuales del FMI que se habían suspendido en 2006.
De nuevo este año, a través de la directora gerente, la francesa Christine Lagarde, el organismo volvió a tener fuerte protagonismo y el coqueteo volvió a estar presente como hace más de 60 años. Incluso se habla de un recibimiento privado realizado por el ministro Nicolás Dujovne a Christine Lagarde. En su visita a Buenos Aires, la titular del organismo había asegurado en marzo que no llegaba al país para negociar ninguna clase de programa ni otorgar préstamo porque Argentina lo no necesitaba. En menos de dos meses, la historia cambió. Es más, el Fondo reapareció en abril, casi como una pareja despechada pulverizando la pauta de inflación del 15% que venía insistiendo el gobierno de Macri. Planteó entonces, una inflación de 19,2%, sustancialmente mayor a la proyectada por el gobierno de Cambiemos y un pedido de mayores recortes en el gasto público. Representaba parte del último, de los habituales informes brindados por el organismo. Allí ya advertía que, pese a los esfuerzos del Banco Central por reducir los índices de precios, la Argentina seguiría ubicándose en 2018 entre los ocho países con más inflación en el mundo, tal como sucedió el año pasado, según surgen de los datos publicados por el mismo organismo.

De estar bien pasamos al Fondo
Hace menos de una semana, tras una cumbre de Cambiemos se ratificó el rumbo económico y se dijo que la situación estaba superada. Lo mismo sucedió con el equipo económico que manifestó satisfacción por la reacción del mercado.
La semana pasada el ministro de Hacienda y el de Finanzas, Nicolás Dujovne y Luís Caputo, salieron a prometer que vendrían tiempos mejores, pero resultó poco serio como cuando se tuteaban como Nico (Dujovne) y Toto (Caputo), en un momento difícil para el país. Todo resultó poco serio -como se indicó la semana pasada- y las consecuencias están a la vista. Quedó en evidencia que mientras desde el gobierno de Macri se planteaba que estaba todo bajo control, la economía en realidad transitaba por un precipicio.
El dólar había iniciado una escalada de precios, mientras se desplomaba el peso argentino. Así, la moneda norteamericana marcaba un récord tras otro. El Banco hizo su última jugada y elevó los tipos de interés al 40 por ciento, logrando el triste récord de ubicarse entre los más elevados del mundo sumándose a la más alta inflación, detrás de Venezuela. Así, el Gobierno nacional fue quemando libretos.
Pero claramente, todo resultó insuficiente. Afirman desde el Gobierno que para evitar una crisis –cuando apenas horas antes decían que todo estaba bien- se recurrió al plan que hasta ese momento nadie quería siquiera citar.
Fue el propio Macri quien puso la cara para anunciar que se había iniciado conversaciones con la titular del FMI, para conseguir el apoyo con una línea financiera que se estima podría oscilar entre 20.000 millones a 30.000 millones de dólares.
En otras palabras, quedaba en evidencia que había fracasado el plan económico ideado por Cambiemos. 
A Macri, no le quedó otro remedio que sacar la bala de plata; para algunos analistas internacionales, era el último cartucho que tenía para usar el gobierno nacional. Como lo admitiría en el momento del anuncio, con cara muy sería el mandatario nacional, el FMI era el único camino posible.
Así se da de nuevo intervención al organismo internacional, que siempre generó prurito entre los argentinos. Es que hay un paso oscuro ligado a las recetas. Con cada recomendación los argentinos debían ajustar sus ingresos y limitar sus expectativas. Así fue cuando asistió financieramente al país, desde el primer crédito y desde entonces, acompañó como un fantasma, cada una de las crisis económicas que sacudió a la Argentina. 

Negociación por teléfono
En las historias de las conversaciones con el Fondo, quizás el de Cambiemos  sea el proceso de negociación más extraño. Cuando en gobiernos anteriores los encargados de la economía del país y desde la oposición discutían por meses con intensidad los efectos y consecuencias de recurrir al organismo internacional, esta vez el principio de acuerdo se hizo por teléfono, tal como lo admitió el presidente de la Nación. 
Fue tras una reunión de urgencia entre el presidente y sus máximos colaboradores, incluido el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, de quien recuerdan sus intervenciones periodísticas aconsejando no recurrir al FMI, cuando ahora es quien encabeza las negociaciones.

Buscando vuelos
Como se indicó, cuando desde Cambiemos venían sosteniendo que la economía estaba bien y bajo control en el país, entró la urgencia de recurrir al organismo, dejando reflejado las enormes dificultades para encauzar la economía en un escenario de suba de tasas, déficit fiscal y comercial, endeudamiento y elevada apreciación del dólar. Tras analizar la mesa chica el panorama del país y decidir recurrir al Fondo, fue tanta la desesperación de sentarse a negociar y sin perder un minuto, que desde el Gobierno no  conseguían vuelo sin escala a Washington, ni en Aerolíneas Argentinas tampoco dio tiempo para conseguir un avión privado, hasta que finalmente la comitiva encabezada por Dujovne abordó  en el aeropuerto de Ezeiza un vuelo de Delta con escala en Atlanta.
En medio de las corridas y los apuros de la administración de Macri, reapareció JP Morgan, haciendo advertencia sobre el vencimiento de las Lebacs.  Entiende que el peso podría enfrentar un desorden si fallara la renovación de las Lebacs, ya que pasado mañana martes, vencen más de 670.000 millones de Letras del Central.  En parte las letras están en poder de algunas entidades bancarias, que al no poder hacer efectivo, puede traer cierto alivio. En cuanto a los tenedores privados, si hay desconfianza y requirieran la plata constante y sonante, obligaría al Gobierno a imprimir billetes que implicaría más inflación.

Llevar tranquilidad
A la suba del dólar y al pedido de auxilio del FMI, se suma el malestar interno de cómo el Gobierno viene comunicando o en realidad no comunicando con claridad lo que ocurre a la población. De ese déficit, viene remarcando desde hace tiempo este matutino desde esta misma columna, al sostener que los breves mensajes en las redes sociales no alcanzan para llevar tranquilidad en momentos como estos a toda la población. La conferencia de Marcos Peña en un tono canchero, parecida al típico porteño de café que se las sabe todas, no ayudo a dar certidumbres a la sociedad. Elisa Carrió criticó con dureza al asesor presidencial y a su vez, consultor ecuatoriano Jaime Durán Barba. Lo cuestionó por recomendar no comunicar sobre lo que sucede a la población y consideró en ese marco, los errores de comunicación que lleva el gobierno de Macri.
Pero a su vez, Lilita también debería hacer un mea culpa, porque en tal contexto, pidió a los productores que no retengan la soja y vendan para que ingresen divisas al país. Está claro que los productores tienen la misma incertidumbre de los argentinos y resulta difícil exigir las ventas de sus productos cuando aún el peso no logró estabilizarse.

Espejitos de colores
En medio de la debilidad del Gobierno de Cambiemos, se dejó deslizar la posibilidad de no entrometerse en algunas elecciones provinciales. De repente en esto pareciera cambiar y aparecen algunos espejitos de colores que a los gobernadores no les pasa inadvertido. En otros términos, desde Cambiemos no saldrían a competirle territorio a muchos gobernadores que les va bien, como tenían previsto y venían planificando cuando se sentían fortalecidos. La idea de los operadores amarillos, sería explorar la posibilidad de una oferta electoral conjunta. En donde no ofrecen resistencia en las elecciones desdobladas de los distritos y piden el acompañamiento en octubre a la lista a presidente de Cambiemos. La propuesta esbozada que habría sido escuchada y luego deslizada por operadores de Entre Ríos, fue interpretado como inoportuna y dado en el peor momento para sugerir tal posibilidad. Lo cierto es que el Gobierno buscó refugio y respaldo en gobernadores de confianza, como también recurrió a empresarios, ante el escenario de incertidumbre y teniendo en cuenta lo que viene, incluido el debate que sigue por tarifas en el Senado de la Nación que el gobierno quiere frenar.
El descalabro económico y la delicada situación del país está pegando fuerte en el sello Cambiemos, perdiendo adhesiones todos los días en todos lados. Todos los estudios de opinión reflejan lo mismo, caída de cambiemos y rechazo mayoritario en recurrir al FMI.

Oxigenar ministerios
Del encuentro en la mesa chica con los empresarios, trascendió el anhelo de dejar de lado el triunvirato y poner a la economía en manos de un ministro “fuerte”, aunque aún no hay plena coincidencia en tal sentido, recordando el rol negativo que había asumido el ministro Domingo Cavallo. Lo cierto es que hay empresarios que entienden que de superarse este sofocón, debería operar cambios en algunos ministerios para oxigenar la gestión.

La provincia
En medio de la turbulencia nacional, se supo que Misiones como participante del encuentro de los gobernadores con el Presidente mostró de nuevo una  actitud responsable y colaborativa hacia la Nación. Lo previo, aclaran, no implica apoyar errores ni aplaudir el camino a la crisis. Sino buscar salidas para colaborar y construir, para proteger a más de un millón de misioneros y a los argentinos en general, en momentos de gran incertidumbre, donde cobra mayor relevancia no haber endeudado a la provincia y mantener la responsabilidad institucional para afrontar estos desafíos. La renovación misionera no pondrá palos en la rueda, como sí lo hace en el país parte de la oposición y algunos sectores del radicalismo en la provincia. 
Los analistas nacionales ponderan positivamente la seriedad del modelo político que gobierna la provincia, que desde el principio se comprometió a trabajar por la gobernabilidad. Y ahora, en plena crisis, no retacea la ayuda institucional. 

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