La conquista portuguesa de los Siete Pueblos Orientales

Viernes 25 de mayo de 2018
La frontera natural del río Uruguay entre España con Portugal recién se formalizó en el año 1801 a partir de una rápida y eficiente acción de minúsculas milicias rurales riograndenses lideradas por dos reconocidos caudillos sin antecedentes militares, José Borges de Canto, un contrabandista del sur riograndense y Manuel dos Santos Pedroso, estanciero de zonas cercanas a las Misiones Orientales. Estas fuerzas irregulares lograron, casi sin oposición de los pueblos guaraníes, concretar el viejo anhelo portugués de llevar la frontera al río Uruguay, que tanta sangre había derramado en la llamada “Guerra Guaranítica” de 1752.
Si bien esta conquista lusitana de los Siete Pueblos fue una consecuencia de la efímera guerra entre España y Portugal de 1800, la realidad es que no hubo por parte de España una estrategia defensiva de la frontera entre las Misiones Orientales y el Imperio Portugués. Uno de los principales demarcadores designados para el cumplimiento del Tratado de 1777 de límites entre España y Portugal, el reconocido Félix de Azara, había alertado sobre la necesidad de fortalecer ese espacio. “Hay que poblar cuanto antes esa región, alertaba Azara al Virrey Vértiz en 1798, sino se perderán nuestros campos y nuestras Misiones”.  Y Azara sabía de lo que hablaba pues entonces servía como Comandante de la Frontera para el gobierno español.
En agosto de 1801, merced a una rápida acción de “razzias” de los nombrados Borges do Canto y dos Santos Pedroso, acompañados por unas pocas decenas de milicianos del lugar, aprovechando la situación bélica en la península ibérica, entre España y Portugal, y, fundamentalmente el desorden reinante en los pueblos de guaraníes, en decadencia desde poco tiempo después de la expulsión de los Jesuitas, tomaron San Miguel, en medio del júbilo de los guaraníes habitantes de esa plaza, que, hastiados de la miseria que vivían, evidentemente se ilusionaban con una mejor administración por parte de la Corona portuguesa. Inmediatamente continuó esa aventura militar en el resto de los siete pueblos, sin que en ninguno de ellos se opusiera la menor resistencia a la invasión. 
Esa ocupación, definitiva desde ahí, , concretó,  como ya se ha dicho, un viejo anhelo de la corona portuguesa: el afianzamiento de la frontera meridional sobre el río Uruguay. De inmediato, la Capitanía de Rio Grande, institución portuguesa que gobernaba el extremo sur del Imperio Portugués en Brasil, otorgó en “sesmarías” las ricas estancias de las Misiones Orientales hasta el río Uruguay. Las “sesmarías” eran concesiones provisorias otorgadas por los comandantes militares de los pueblos conquistados por Portugal en América. Esos espacios debían poseer una superficie de 3 por 1,5 leguas cuadradas, pero ante la inexactitud de las mediciones, los mismos llegaban a ser mucho mas amplios en algunos casos. Eso explica de algún modo los latifundios riograndenses de la actualidad.
Los primeros beneficiados con “sesmarías” fueron los “conquistadores” Borges do Canto y dos Santos Pedroso. En apenas diez años, a través de una hábil política de concesiones de tierras, el gobierno portugués de Río Grande había afianzado su conquista mediante la ocupación del espacio hasta el río Uruguay. Con ello se perdía definitivamente para España el territorio oriental de las Misiones. El imperio portugués consolidó su conquista creando la Comandancia Militar de Misiones, con cabeza en Sao Borja. Esta Comandancia tuvo jurisdicción sobre los Siete Pueblos, desapareciendo el departamento de San Miguel, creado por el gobierno de Buenos Aires en la década de 1770. 
La conquista del territorio español hasta el río Uruguay, si bien se dio de forma sorpresiva y sin una acción oficial, había sido estratégicamente planificada por la Corona portuguesa desde 1737 cuando se fundó Porto dos Casais (futuro Porto Alegre). A fines del siglo XVIII,  verdaderos frentes pioneros de poblamiento habían alcanzado la frontera con la Banda Oriental. Se trataba de familias ligadas al Regimiento de Dragones de Rio Grande. Los poblados fronterizos de Cachoeira, Caçapava, Santa Maria, Sao Francisco de Assis, nacieron bajo el impulso de este ejército custodio de las fronteras lusitanas.
Esta conquista de los pueblos misioneros del otro lado del río Uruguay por parte de Portugal no modificó el esquema que existía en el resto de la Provincia guaranítica de Misiones. Al igual que en las misiones españolas, se estableció un administrador portugués en cada uno de los pueblos y sus estancias con un cura en cada pueblo. La mitad de la semana los naturales trabajaban para la comunidad, el resto del tiempo para ellos mismos. Pero, como había ocurrido anteriormente, según relata el Padre Joao Gay, que fuera Cura de San Borja, la deshonestidad de los administradores, en general, llevó a las muy dudosas ventas de las estancias comunitarias a los propios administradores. 

Por Alfredo Poenitz
Historiador

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