Coronas modernas

Viernes 10 de agosto de 2018
Hace 20 siglos existen dos reyes en el ajedrez (“tenues”, los llamaba Borges), y desde hace 150 años (1868) son famosos los de Heraclio Fournier, los de la baraja española (“Si tu madre quiere un rey, la baraja tiene cuatro: rey de oros, rey de copas, rey de espadas, rey de bastos”, cantaba Lorca).
Y entre ellos, el símbolo de Baco, de rostro joven, con orla discontinua en el tercio central; túnica verde, capa celeste, en un mazo, capa roja en otro; de barba blanca o bigote, según sea. Corona de cinco piedras. El de Copas. Nunca en posición bélica sino en actitud consejera, sin embargo, no tiene nuestro naipe asegurado su porvenir: aunque sea el único monarca que acepta la tribuna futbolera -que si le tributa fe, reniega de reyes desde los tiempos de Carlota y Belgrano- en el futbol habrá, para alegría de todos, muchos reyes de copas, pero siempre se recordará al primero. Digamos, rey emérito. No es que haya abdicado, sucede que (por suerte) los tiempos corren, y aparecerán príncipes sucesores con más laureles.
El abolengo de la monarquía copera surgió hacia los 70, época en que el Mefistos bajó a las canchas terrenales a meter la cola en la Libertadores, sahumándolas  de sulfuros, y pactando virtuosismo y coraje con los que llevaban la casaca roja, color que le resulta afín.
Desde entonces se han creado copas y copas, que sólo sirven para rellenar las vitrinas de las sedes; creadas por patrocinadores, semidioses del merchandising, bancos, y hoy, por la perinola de las apuestas. Existe un equipo egipcio sin tantas ostentaciones “a la europea” que luce 24 copas internacionales, verdadero rey de cálices allende el mar. Pero entre nos, solo uno, por cuestiones legales, puede lucir la leyenda “Rey de Copas” en su camiseta; desde 2006 Independiente registró oficialmente esa condición. ¿Cosas del diablo? No tanto: quien lo quiera deberá pagar, como en la antigüedad, cuando el mejor postor compraba el cargo pontificio. Y lo ungían papa.

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