El día que dejamos de ser ciudadanos

Sábado 4 de agosto de 2018
Mi vecino Hans,  orgulloso de los años que lleva sobre sus hombros, habiendo transitado el camino de los desaguisados políticos durante mucho tiempo como un espectador más en la butaca de este teatro llamado Argentina, en charla entre mate y mate,  me dice que ya tiene más claro el panorama de su elección a la hora de votar en la próxima contienda política.
Muy enojado, agrega que en las próximas elecciones va a votar por “Alí Babá y los 40 ladrones”; entonces le pregunté cuál era el motivo para esa reacción irónica y en una síntesis dijo que prefería votarlos porque de esa manera estaría seguro que serían 40 los ladrones que acompañarían al Gobernante y no como ahora que cada día se reproducen como hormigas.
Me dijo  que quiere deslindar las responsabilidades sobre el tema de marras al Presidente (por ahora) pero cuando comienza a desarrollar en detalle los problemas que deberán enfrentar muchos de sus asesores, solamente la investidura se salva en estas instancias.
Le expresé que debíamos tener confianza en los cambios que están llevando adelante y, más enojado aún, se despachó con una lista de casos de corrupción que iban desde los votos comprados a una lista de manejos imposibles de volcar en esta página.
¡Basta por favor, amigo!.. le dije, calmate un poco, me parece que exagerás y estás   destruyendo lo que resta de tus días con tanto enojo.
Pensé que Hanz había ingresado como tantos otros en la vorágine de las malas noticias, pero la verdad es que después de analizar sobre los pocos motivos felices que nos da esta situación le di la razón, porque si pensamos un poco y hacemos un balance de lo cotidiano, desde que abrimos los ojos por la mañana temprano basta con  leer los títulos nada más para imaginar lo que debe haber adentro de los diarios, ver la TV o escuchar la radio  y entender cómo es que nos tienen anestesiados con promesas que hasta hoy no vemos se hayan cumplido.
Observemos un poco para nuestro barrio o ciudad y quitemos por un momento nuestra mirada sobre Rosario o el Conurbano Bonaerense o las villas de cualquier capital de provincia para darnos cuenta de que a la vuelta de casa sucede lo mismo y no le prestamos atención, salvo cuando matan a algún buen vecino.
Le dije a mi amigo que no sabía bien si la culpa es del Código Penal, porque si es cierto que lo van a reformar para beneficiar a los delincuentes y traficantes, mejor déjenlo como está, que al menos sabemos quién roba, cuántos son y quién los deja libres. Queda por averiguar si en esa extensa legión de delincuentes hay cómplices que ofician de jueces, fiscales o políticos.
Argentina, por sus 2.780.400 km cuadrados, es el país hispanoparlante más extenso del planeta, el segundo más grande de América Latina, cuarto en el continente y octavo en el mundo, si se considera sólo la superficie sujeta a soberanía efectiva y al presente ya cuenta con más de 41 millones de habitantes, aunque lo mas lógico sería que dejemos de ser  solamente habitantes para convertirnos en ciudadanos.
“La diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en la democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes”. Charles Bukowski (1920-1994), escritor estadounidense

Ricardo Bustos Capioví, Misiones

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