Cándido López: la Guerra del Paraguay en imágenes

Viernes 10 de agosto de 2018
Alfredo Poenitz

Por Alfredo Poenitz Historiador


Un testimonio muy apreciado de la Guerra de la Triple Alianza es el de la serie de 29 cuadros pintados por Cándido López. Esos cuadros, que documentan escenas de las diferentes batallas, campamentos militares, reuniones militares, etcétera, fueron comprados por el Estado a través de una Ley del Congreso de la Nación.
Pero Cándido López no fue contratado para la guerra como pintor oficial. En realidad se había alistado voluntariamente y, como sabía leer y escribir le dieron el grado de Teniente 1°, pero como no sabía manejar armas solicitó el grado de teniente 2º.
Cándido López era pintor, habiéndose formado con Carlos Descalzo en Buenos Aires donde había nacido un 29 de agosto de 1840. Uno de los pocos retratistas era solicitado permanentemente por las autoridades de entonces, destacándose un imponente retrato de Bartolomé Mitre. En 1865, cuando se inicia la más injusta de las guerras con países hermanos, motivada por la diplomacia británica, de cuyo Imperio dependíamos como colonia proveedora de las materias primas que en la Isla se industrializaban, Cándido López se alista como soldado, realizando su entrenamiento militar en el Batallón de Guardias Nacionales de San Nicolás.
El 22 de septiembre de 1866, Cándido López, en el fragor de la batalla de Curupaytí es herido en su brazo derecho (era diestro), el que le es amputado en Corrientes pocos días después. Pero regresa a la guerra, ya no como combatiente sino para registrar, mediante bocetos rápidamente armados a pesar de su inhabilidad con su mano izquierda, los principales hechos del conflicto contra el Paraguay. Tenía 26 años y una enorme voluntad. Sabía que lo mejor aún no había pintado. Elegía los lugares altos para armar esos bocetos.
Poco tiempo después pasó a retiro como inválido de guerra. Entonces se dedicó a preparar las pinturas a partir de sus esbozos, pero no lograba ganar dinero y se fue empobreciendo, tanto, que le solicitó al Presidente Mitre ayuda para terminar su obra, recibiendo un subsidio del estado nacional. Entre 1888 y 1901 pintó la serie que hoy se expone en el Museo Nacional de Bellas Artes. Un año después, el último día de 1902, el 31 de diciembre, fallecía en un campo en Baradero.
En sus cuadros, Cándido López, “el manco de Curupaytí”, como es conocido en la historia nacional, intenta desdramatizar la guerra. Los soldados parecen muñecos de plomo, mientras el paisaje que los rodea evoca la botánica renacentista.
Evita con ese estilo mostrar la realidad de una guerra injusta, una guerra que él no cuestiona pero a la que la mayor parte del Interior no quiso comprometerse, pues no consideraban a Paraguay un país enemigo. El propio Urquiza es afrentado por su lugarteniente, Ricardo López Jordán, cuando, habiendo prometido a Mitre la formación de un poderoso ejército en Entre Ríos, su principal oficial le responde: “Nunca general, ese pueblo es nuestro amigo. Llámenos para pelear a los porteños y brasileños. Estamos prontos. Ellos son nuestros enemigos….”, como nos cuenta  Jorge Newton en su obra “Ricardo López Jordán, último caudillo en armas”. El pueblo no responde a la convocatoria. Divisiones completas se niegan a marchar, las tropas se desbandan o sublevan.
Cándido López no transmite ese mensaje en sus famosas pinturas de la guerra. Se ajusta a un orden meticuloso, una sumatoria de soldados, cañones, barcos. No deja margen para el cuestionamiento de la guerra, como bien señala Hebe Capalbo en “El campo como escenario de batalla”. De cualquier modo su obra ha permitido graficar los principales acontecimiento de aquel conflicto que cambió la historia del pueblo hermano del Paraguay.

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