Prometeo

Lunes 13 de agosto de 2018
La escena no es nueva: la vimos, por ejemplo, en el Mundial, cuando Pitana reunía a los capitanes en el medio y les preguntaba ¿Rusia o Coca Cola? Se liberan los tendones del pulgar que está contenido en el puño como si le quitásemos la espoleta a una granada… y vuela la moneda que echamos a suerte. Sube girando. Gira subiendo. Gira y sube, cruza la nube. Sale al espacio. Gira despacio y ya se va convirtiendo en una sonda espacial rumbo al sol que deja atrás para siempre nuestro mundo. Alcanzará con suerte su destino de fuego en 2025.
La escena en sí, es una interpretación prosaica -acorde a los tiempos- de la utilizada en 2001 Odisea del Espacio (lo que vuela es un fémur) o de la serie Cosmos de Carl Sagan (lo que vuela es un copo que transporta una semilla).  Estábamos tan bien… Ya bastante teníamos con las noches estrelladas de Copérnico, el telescopio de Galileo, la gravedad de Newton, el tiempo de Einstein; teníamos además la pluma de Julio Verne, evocadora de la luna, la de Henri Duvornois, evocadora de Celia, un planeta de Alfa Centauro, la de Ray Bradbury, evocadora de Marte. Y si a esta torta le faltaba la frutilla los teníamos a Hawking y sus agujeros negros, y a Cameron y su Pandora de Avatar.
Hace 24 horas los diarios del mundo lanzaron la noticia que rebalsó el vaso: zarpó una misión al sol. La justifican diciendo: “sabremos más de los vientos solares, de las manchas, de las tormentas…”
-¿Y pá qué? se pregunta el loco manso, despeinado y mugriento, que sumerge su medialuna en el café con leche de la mañana, voracidad que delata que pasó la noche a la intemperie. Y dice de un tirón babeante, con la boca llena:  -El sol ya intuye estas aventuras y nos mira de reojo, algo más desconfiado que de costumbre, como esos perros que sin que nadie les diga nada intuyen que los van a entregar en adopción y reculan a la caricia, se ponen ariscos, en alerta, con las orejas paradas y hasta ladran en sueños. No sea cosa que el sol quiera vengarse por la travesura de Prometeo”. 

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