El mesianismo guaraní anticolonial: el caso del cacique Oberá

Viernes 14 de septiembre de 2018
Alfredo Poenitz

Por Alfredo Poenitz Historiador

Hasta fines del siglo XVI, es decir cuando se instauraron las misiones de franciscanos primero y jesuitas luego, los movimientos de resistencia activa de los guaraníes contra la dominación hispánica fueron muchos y muy variados. Entre 1537 y 1598 se han documentado más de 20 rebeliones que poseían una característica común. Todas ellas presentan típicas estructuras mesiánicas y la razón principal de esos levantamientos era el sistema de encomiendas o trabajo forzado por parte de los guaraníes en las haciendas. La forma de rebelión era evitar el trabajo esclavizante al que eran sometidos y al mismo tiempo reafirmar sus tradiciones religiosas amenazadas. Por ello, la manera de rebelarse era danzar y cantar todo el tiempo, sin descanso, dejando hasta su vida en esas manifestaciones.
El levantamiento del cacique Oberá, en la región de Guarambaré, muy cercana a la actual ciudad de Asunción puede considerarse como un paradigma en los movimientos mesiánicos guaraníes. La historia de este levantamiento la conocemos a través del poeta español Martín del Barco Centenera, conocido en la literatura americana por su poema épico “La Argentina y conquista del Río de la Plata”, en 1602, en el cual  por primera vez se hizo mención al nombre “Argentina” para referirse a esta región del sur de América.  El padre Pedro Lozano, sacerdote y etnógrafo de la Compañía de Jesús, quien compuso varias obras de carácter geográfico e histórico de esta región, en 1716, toma en prosa los datos del poema del Barco Centenera narrando que Oberá era un cacique bautizado en una de las encomiendas y que habría escuchado las enseñanzas del P. Martín González. Fue tan profunda la adhesión a aquellos sermones que Oberá, con una elocuencia admirable comenzó a predicar que liberaría al pueblo guaraní de la sujeción española. Se presenta en las obras mencionadas como un mesías típico, divino por su origen y salvador de su pueblo por su misión. Se decía hijo verdadero de Dios, nacido de una Virgen y encarnado para la liberación de su pueblo. Esgrimía en sus relatos en diferentes regiones que tenía atrapado un cometa, con el cual abrasaría y convertiría en cenizas a los colonizadores españoles. Siguiendo esa idea, en los rituales sus seguidores asaban una ternera hasta convertirla en cenizas como demostración de lo que serían convertidos quienes habían usurpado sus tierras sagradas. Los guaraníes de Oberá cantaban y danzaban todo el tiempo, extendiéndose la rebelión por la región del Paraná hasta el Guayrá.
El movimiento fue dominado por Juan de Garay, con la ayuda de caciques que habían sido cooptados por los encomenderos españoles. Lozano da cuenta que el fin de la rebelión se dio a partir del momento en que Oberá logra huir del ejército asunceno. Sus seguidores fueron lentamente reducidos y vueltos a sus encomiendas. No obstante, algunos de ellos intentaron por un tiempo mantener las reivindicaciones mesiánicas pero el movimiento se fue diluyendo.
La respuesta mesiánica a los abusos coloniales no significó simplemente una rebelión contra la opresión y una liberación de la esclavitud, sino una afirmación de su identidad como pueblo, intentando permanecer en el modo de ser tradicional, en particular en lo referido a sus creencias. El mesianismo guaraní, a pesar del sincretismo con las creencias cristianas, se funda en la espiritualidad ancestral en donde encuentran sus fundamentos míticos. Por ello, a pesar de que los cronistas de la rebelión de Oberá, del Barco Centenera y Pedro Lozano, atribuyen a la mala interpretación de los sermones del P. Martín González aquella revuelta, la misma se basa en raíces mucho más profundas que explican el mesianismo y la fuerza del movimiento.
A fines del siglo XVI y principios del siglo XVII, con las misiones de franciscanos y jesuitas, la evangelización se intensificó y se formalizó a partir de las reducciones. Desde allí hubo mucho menos espacio para manifestaciones mesiánicas como la de Oberá o las tantas otras ocurridas en los años previos y que poco se sabe de ellas.

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