El Último Día de Libertad

Jueves 11 de octubre de 2018
A 526 años del 12 de octubre de 1492, en pleno siglo XXI, todavía hay controversias si ese día hay que seguir recordando como Día de la Raza porque Colón descubrió América. La realidad ha determinado como la gran conquista mercantilista, que sirve para avivar aún más, el replanteo histórico que se venía gestando.
En distintos niveles de enseñanza escolarizada, nos enseñaron y por lo tanto hemos aprendido “la historia oficial” del Descubrimiento de América, pero los años y la capacidad de juzgar con otra mirada los hechos del pasado, me hicieron ver otra historia: esa historia cargada de violencia, de desamparo, de tortura, de persecución, de abusos y total desprecio, lo que vi y entendí es una cuestión muy parecida a un genocidio; esa historia de desarraigo y despojo que originó la pérdida de normas y valores propios de la cultura, de “enmudecimiento de la propia lengua” que hacen a la identidad histórica de un pueblo.
Argentina es América Latina y su destino no fue distinto. El afán de poderío económico, social y político disfrazado como Campaña al Desierto hizo lo suyo:  confinamiento o muerte, avasallamiento de la realidad, desalojo de tierras, o la presión de intereses privados o del Estado. Pero aún así el originario (mal llamado aborigen), sigue "sobreviviendo" no ha muerto. No han muerto sus raíces. No bastó el accionar de Roca para destruir al antiguo señor de la tierra. Es sí una suerte de celebración que desde hace tiempo se está dando un amanecer hacia la revalorización de la cuestión sobre los originarios, desde lo “auténticamente propio” y de otros sectores comprometidos con la realidad. Aún es tiempo de reparar lo que puede repararse, no como una concesión sino como un hecho auténtico y legítimo.
En 1959, las Naciones Unidas abolieron el término “raza” por entender (y esto alivia el alma) que un aventurero comerciante tropezó con un continente donde se vivía  en libertad y armonía con la naturaleza.
Desde siempre los pueblos originarios recuerdan y celebran el 11 de octubre como el Último Día de Libertad. Los pueblos que viven en continuidad con su glorioso pasado, pueden conquistar el futuro y recuperar el destino. Quienes llevamos en nuestras venas la sangre de nuestros ancestros y los que hemos entendido la presencia del espíritu guaraní en nuestras vidas, somos y seremos, siempre los defensores en luchas diarias y cotidiana de nuestra cultura, nuestra lengua y nuestra espiritualidad del  Avañe'e.
Existimos y estaremos claramente identificados, pues estamos diseminados en todo el mundo. Somos los hombres y mujeres que atesoramos la lengua originaria y tenemos como principal herramienta de subsistencia, nuestra bandera de lucha, en una posición de visibilidad como riqueza cultural de la historia.
Creo que  cada cual es libre de conmemorar o celebrar la fecha como mejor le parezca porque eso hace al ejercicio de libertad de pensamiento. Si el celebrar sirve para ir, el corazón sirve para llegar, la historia sirve para contar, entonces, yo particularmente, recuerdo como celebración el 11 de octubre como el Último Día de Libertad.
Los pueblos originarios de nuestro continente, al igual que otros grupos o comunidades, son poseedores de una antigua cultura y podemos no haberla conservado intacta, pero están latente y por sobre todo, aun están vivas.
Somos portadores de una memoria antigua. En ella nos sumergimos, en ella nos refrescamos y de ella volvemos a salir limpios, lo cual nos hace comprender que nuestro pasado no desapareció, que sigue vivo y nuestro futuro también. Que el pasado, el presente y el futuro permanezcan enlazados y, que ojalá emanen vida.
Ahora, me pregunto: ¿en las escuelas a las que asisten alumnos originarios, éstos gozan de los programas de fortalecimiento en lo pedagógico? Y ojo, no hablo desde el rencor, sino desde la memoria. A pesar de la extrema pobreza es posible reconstruir el tejido social, las utopías nos permiten soñar, movilizarnos y ser parte de una utopía mayor que es la de construir un país más justo y solidario que nos contenga. Creo que con acciones concretas interpretaríamos lo que expresa un niño originario en sus dibujos. Si plasma la figura de un tigre (jaguarete, chivi), da a conocer el peligro de extinción de esta especie, si plasma un paisaje con pocos árboles da a conocer el desmonte de la selva (el achicamiento de su hábitat). Es decir, crea un pensamiento colectivo. Por eso hoy, ruego por la igualdad de derechos, el respeto por la diversidad cultural, no nos dividamos en razas, sino dignifiquemos la condición humana, que al final es una misma raza.
Hemos aprendido que el que mata es un asesino, el que roba es un ladrón, el que viola es un violador, el que usurpa es un usurpador, el que domina es un dominador. Pero en esta “nuestra América” aún hay un pueblo que llora, hay un pueblo que sufre, hay un pueblo al que se le siguen sacando sus tierras, ya sea con la excusa de fomentar o fortalecer el negocio del turismo, para la producción petrolera o para lo que se argumente... y muchas veces se les ceden tierras en donde no hay agua, por consiguiente no cuentan con la posibilidad de lograr pesca alguna; ni crece el yuyo, por lo tanto, tampoco existe selva, razón por la que carecerán de posibilidad de caza alguna. Todo en pos del progreso ndaje (dice que).
Los discursos a veces suenan lindos pero no son recetas, son palabras que muchas veces salen de los labios nada más y se necesita que alguna vez se entienda que deben salir del corazón, de los sentimientos más profundos, del alma misma. Excepciones son los inmigrantes europeos que vinieron escapando de la guerra, de la pobreza, buscando un futuro mejor y vaya que la encontraron, señores...!
Finalmente, me permito finalizar con esta reflexión como tarea: recuperar, visibilizar y poner en valor la identidad, debe ser un tránsito reflexivo y objetivo por la historia, sin cargar de resentimientos, revanchismo ni venganzas a las generaciones futuras. 

Por Juan Ramón Fariña
Guarani tavarandu. Candelaria

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