Por la fe a la justicia

Sábado 3 de noviembre de 2018
José Miérez

Por José Miérez Gerontólogo

El acto de fe es el acatamiento supremo que el ser humano en su finitud puede rendirle a Dios en su majestad omnipotente. Es fiarse de su palabra, creer en su promesa, creer es afirmar, aceptar y entregarse.
 Creer es comprometer al ser humano entero para la acción total, a una sola palabra de su Dios y Señor. Por eso la fe es la esencia de la religión, por eso nos llamamos creyentes.
 Debemos aprender a cargar con el equipaje de nuestras faltas y equivocaciones, los fardos de la mente más pesados y, arrepentidos, emprender el camino, dejando la seguridad del vientre de la madre y el hogar y partir al mundo (la tierra prometida), y a la aventura de la vida con todas las penas y alegrías, luces y sombras, pérdidas y ganancias, riesgos y  triunfos. 
La promesa de Dios es el faro de luz que guía la vida y su postura favorita nos ofrece libertad, generosidad, amor. La llamada al ofrecernos la posibilidad de tener fe, no es una fe para siempre, se actualiza, se repite, vuelve a aparecer una y otra vez durante la vida, pidiendo cada vez más templanza para las ocasiones importantes que jalonan la vida. El dar cada paso es un acto de fe, toda mañana una sorpresa, cada amanecer un desafío. Estrechar una mano es un acto de fe, sonreír a un extraño es un acto de fe, entregarse a la vida es pura fe, decir al pedir, por favor, y luego agradecer, es un acto de fe, vivir con alegría es un acto de fe.
 Si aprendemos a vivir así día a día, se puede transformar nuestra entera existencia en una auténtica ida de fe como verdaderos descendientes de Abraham del Antiguo Testamento, cuando Dios lo prueba al pedirle que sacrifique a su heredero y él confía en la caridad divina.
 Una vez más debemos tener fe que para cambiar hay que renovarse y para renovarse hay que cambiar, y no es prejuzgar, pero sí se puede desconfiar de los que ya se autopostulan para las próximas elecciones. Pregunten qué quieren hacer, cómo lo harán, quiénes lo harán, cuánto gastarán, en qué y cómo podemos participar para controlar, supervisar y evaluar.
 Lo primero es tener fe en nosotros mismos, sí puedo y sí quiero luchar y participar por la fe y la justicia. No conviene separar ambos términos del binomio. La meta final será la justicia y el largo camino para llegar a ella y darle sentido y vida es la fe, componente esencial del movimiento para alcanzar la justicia social y la dignidad humana. Para responder plenamente a la necesidad vital de la sociedad de hoy y atender a las emergencias y urgencias que nos desbordan hay que ser generosos, perdonar y socorrer. 

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