Bolsonaro y los nuevos escenarios

Jueves 8 de noviembre de 2018

Por Miguel Schmalko Consejero y ex presidente de la Cámara de Comercio Exterior de Misiones

La ascensión en Brasil de un personaje singular, ex capitán del ejército brasileño, con ideas segregacionistas, machistas y xenófobas que lo hace con el apoyo del 55.14% de los votantes, crea un clima de incertidumbre, no solo por sus controvertidas declaraciones sino  por sus actitudes en relación al Mercosur y el Alca. Jair Bolsonaro será el tercer militar en asumir la Presidencia de Brasil por voto popular, prometió mano dura,  el uso de la tortura y la prerrogativa a la policía de abrir fuego contra delincuentes armados y modificará las leyes para permitir que los brasileños compren armas, una demanda de uno de sus mayores partidarios, el poderoso lobby de los agricultores. Fuera de Brasil, los analistas auguran crecimiento para la economía del país con el nuevo gobierno. Lo justifican en que Brasil tiene  más de 300 mil millones de reservas en el Banco Central, un superávit comercial de más de 60 mil millones de dólares anuales y una inflación  del 5% por año. Agregan que a diferencia de Argentina, donde Menen privatizó todo, en Brasil quedan  varias empresas estatales por privatizar, cuya venta generaría recursos extraordinarios equivalentes al producto bruto argentino de un año.  Y después de cuatro años seguidos de recesión, acumula una caída de producto bruto del 10%, similar a la Argentina del 2002, ya no le queda nada que bajar y solo es posible rebotar. De ser así,, sería la mejor noticia que Macri y la economía argentina pueda recibir.
Bolsonaro llegará a la presidencia con ideas antiguas y peligrosas en todas las áreas sociales pero, argumentan, modernas y revolucionarias (para Brasil) en economía. De la misma forma en que Bolsonaro  no era liberal en economía y adoptó esa doctrina solo recientemente, por influencia del banquero y futuro ministro de Hacienda Paulo Guedes, los optimistas atribuyen esas declaraciones  fascistoides a un hablar poco pulida y demasiado franco de un candidato que no será el mismo cuando sea presidente. En cuanto a Paulo Guedes, con sus declaraciones de que Argentina no está en la mira de la política y economía brasileña, es aconsejable que el nuevo presidente lo envíe a un curso acelerado de diplomacia para que no formule las pavadas que mencionó. Tiene que conocer que existe un Arancel Externo Común que obliga a los miembros de Mercosur a respetarlo y que aunque Bolsonaro lo contradiga, tiene que tener en cuenta que no es lo mismo y no conseguirá las mismas ventajas que si negocia con la Unión Europea como Mercosur que como Brasil Individualmente.
Bolsonaro llega a la presidencia con ideas antiguas y peligrosas en todas las áreas sociales pero, argumentan, modernas y revolucionarias, para Brasil en economía. De la misma forma en que Bolsonaro no era liberal en economía y adoptó esa doctrina solo recientemente, por influencia del banquero y futuro ministro de Hacienda Pulo Guedes. Los optimistas atribuyen sus declaraciones facistoides a un hablar poco pulido y demasiado franco de un candidato que no será el mismo cuando sea presidente.
El fascismo incipiente del que se le acusa podría ser una apreciación precipitada  porque aún no asumió el poder, escribió el profesor de la Universidad de San Pablo Eugenio Bucci, quien igualmente promovió votar por Hadad: “No disponemos de elementos para definirlo conclusivamente como fascista. No se sabe, hasta aquí,  de qué forma ataría, o no, relaciones de cooptación  entre el estado y los sindicatos. No sabemos cuál sería su escuela de nacionalismo. No sabemos en qué  escala, en qué grado de capilaridad y con qué persistencia su gobierno reprimiría a los movimientos de oposición. Ni si reforzará los medios de control del Estado sobre la vida quién en 1999 elogió a Hugo Chavez, de quién dijo que era “una esperanza para América Latina  y que deseaba que “su filosofía llegase a Brasil”.
O al revés, en 2008, al cumplir 35 años de la creación de la Empresa Estatal Embrapa, fue Lula  siendo presidente, quien elogió a los gobiernos de los generales Emilio Médici y Ernesto Geisel, la “dictablanda” de Brasil.
Aún más contradictorio en economía en sus 27 años como diputado. Bolsonaro votó contra el “Plan Real”, equivalente a nuestra Convertibilidad,, y junto al Partido de los Trabajadores de Lula votó en contra de la reforma previsional de Fernando Henrique Cardoso y de la privatización de la telefonía, en contraste con la persona que hoy promueve la privatización de la empresas públicas para reactivar la economía de Brasil.
A distancia es imposible distinguir que es matriz y que es esencia. Con genuina preocupación el diario israelí Haaretz se preguntaba si estaba surgiendo un nuevo Hitler en Brasil apoyado por los evangelistas. Pero el obispo jefe de la Iglesia Universal, la mayor del evangelismo brasileño y dueña del canal de televisión Record, el segundo más exitoso de Brasil después de Globo expresa los medios importantes con que cuenta el evangelista Bolsonaro.
La Iglesia Católica que tiene en Brasil 172 millones de adeptos, la mayor del mundo, no debe rehuir un enfrentamiento con los evangelistas para mantener su feligresía. El Papa Francisco ha dado muestras tajantes que la clase media y desposeída, conforman una población explotada por ideologías de un nuevo neoliberalismo que avasalla sus posibilidades de crecimiento y desarrollo. 
El último discurso de Bolsonaro a sus partidarios en San Pablo fue de terror, digno de un troglodita. Dijo: el diario “Folha de Sao Paulo es el mayor noticiero de Brasil, ustedes no tendrán dinero publicitario del gobierno . Fuera PT, estos marginales rojos serán expulsados de nuestra patria. Señor Lula Da Silva, si usted estaba esperando que Haddad fuera presidente para firmarle un decreto  de indulto, voy a decirle una cosa: usted se va a pudrir en la cárcel”. ¿Hará lo que dice?.  Es su intención, porque si se hubiese habilitado a Lula a competir en las elecciones, todas las encuestas le  daban como ganador absoluto y que Bolsonaro llegaría apenas al 20% de los votos. Agudamente un columnista escribió: “Brasil es el único país en el mundo, en muchas décadas, que va a elegir un presidente que promete  combatir el….¡comunismo!”.
Evidentemente que Bolsonaro está totalmente desinformado. ¿No sabe acaso que un país comunista, China, le compra el 80% de la soja, asimismo el primer comprador en la adquisición de hierro y materias primas,  que para venderle al país asiático tendrá que competir con su “ídolo” Trump que es primer productor mundial de soja?. Pekín no demoró en contestar y le advirtió al “Donald Trump tropical” sobre los costos que tendría esa postura:” Las empresas chinas que operan en Brasil y las propias autoridades de Pekín se preguntan hasta qué punto  el próximo líder del mayor país de América Latina interrumpirá las relaciones entre China y Brasil” Al recordar el paralelo que suele hacerse entre Bolsonaro y Trump, el China Dally apuntó las posturas nacionalistas de ambos y su rechazo a las instituciones multilaterales  a favor de políticas de tipo bilateral. En ese sentido  recordó que Bolsonaro prometió, como hizo el estadounidense, mudar la Embajada de  Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, algo que preocupa a los países árabes y que podría comprometer las exportaciones de carne brasileña a esos mercados.
Bolsonaro no debe perder de vista que Brasil no es la primera o segunda economía del mundo. Lo superan según los datos del Fondo Monetario Internacional de 2018, Estados Unidos con un valor de 20,4 trillones de dólares; 2º, China con 14 trillones, 3º, Japón con 5,1 trillones; 4º, Alemania con 4,2 trillones; 5º Reino Unido con 2,94 trillones; 6º,Francia con 2,93 trillones; 7º, India con 2.85 trillones; 8ºItalia con 2,18 trillones y 9º Brasil con 2,14 trillones.
Con estos datos ¡Bolsonaro debe mostrar mayor humildad!.

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