La verdad nos hace libres

Domingo 11 de noviembre de 2018
Gonzalo Peltzer

Por Gonzalo Peltzer gpeltzer@elterritorio.com.ar

No quiero dejar pasar lo que pasó y lo que pasó es que la columna del domingo pasado tuvo una repercusión que no esperaba. Durante toda la semana me llegaron los comentarios, por escrito o de viva voz. No fueron ni felicitaciones ni recriminaciones sino pura identificación: “Dijiste lo que todos sentimos cuando transitamos por las rutas de Misiones y de Corrientes”. La columna llega a donde llegan los contenidos de El Territorio, que a estas alturas usted sabrá que no es un diario. Decimos que El Territorio tiene un diario porque es tal cual: la inmensa mayoría lee sus contenidos en soportes que no son de papel, y esos contenidos son infinitamente viralizables, igual que los comentarios a la columna, que se siguen juntando: comentario sobre la columna y sobre los comentarios y más comentarios sobre lo que dijo el anterior… y así hasta que nos derriba el cansancio. Qué suerte –pensé– que una vez puedo interpretar lo que nos pasa a todos.
Escribir es una gimnasia, un entrenamiento, que te tiene activo y capaz de volver a escribir una y otra vez, todas las semanas, todos los meses o todos los días. A esto lo hacen muchas personas: en la guardia de una comisaría se escriben actas; los abogados escriben demandas y los jueces sentencias; los médicos escriben recetas; los contadores escriben en Excel; los mozos escriben las comandas; los estudiantes escriben exámenes… y los periodistas escribimos lo que pasa. Una columna de opinión, como su nombre lo indica, es opinión más que información, pero eso no quiere decir que los hechos a los que la opinión se refiere no sean reales. Lo establece un principio elemental del periodismo: los hechos son sagrados, las opiniones son libres. Es imposible mentir con opiniones, pero sería un desatino basarlas en mentiras.
La columna es un género clásico de opinión. Se diferencia de otros como el editorial, la crítica o el artículo en su cadencia: todos los martes, cada luna llena, el primer viernes… o todos los días, como la que hasta el mismísimo día de su muerte –el pasado 18 de octubre– escribió Javier Arguindegui en El Territorio, heredera de otros grandes como Pedro Abdón Fernández o Germán de Laferrere.
De estas y otras cosas, pero todas de escritores, hablábamos el jueves al final de la presentación del libro póstumo de Hugo W. Amable en el museo Aníbal Cambas de Posadas, un acto súper emotivo que recordó la figura de este noble entrerriano y misionero, observador curioso de la realidad como todo periodista. La gimnasia de escribir funciona así y nos pasa a los periodistas que no podemos escribir sin ruido ambiente: al revés que al resto de los mortales el silencio nos desconcentra. Lo mismo le pasaba a Amable.
Pero lo que cabe esperar del periodismo no es sólo la difusión de la verdad urgente, necesidad básica de cualquier sociedad civilizada. La verdad es reveladora, pero sobre todo es capaz de cambiar la realidad de allí para adelante. Conocer la realidad es presupuesto básico de la libertad, pero también de la igualdad y del ejercicio de los derechos fundamentales. Por eso los tiranos odian a los periodistas y por eso no hay democracia ni república sin una prensa libre que se sume al ejercicio del poder, limitado por el tiempo, por una justicia independiente y por el respeto a las minorías que no piensan como el que gobierna, representadas en los órganos legislativos por quienes ellos eligieron. Democracia no es la imposición a las minorías del pensamiento de las mayorías sino la convivencia pacífica de los que piensan distinto.
Por estas y otras razones es de esperar que quienes nos gobiernan atiendan el clamor de los que sufrimos todos los días los abusos del poder en las rutas de Misiones y Corrientes (y del resto de la Argentina, pero las que conocemos bien son las que transitamos a diario). Es por el bien de todos, pero por lo menos deberían pensar en la inmensa contradicción que supone pretender que aumente el turismo en Misiones y a la vez ahuyentar a los turistas con obstáculos incomprensibles en nuestras carreteras.

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