A pesar de la crisis la fiesta no pierde su brillo

Jueves 13 de septiembre de 2018 | 07:48hs.
La crisis que golpea al país desde hace cinco meses no le fue ajena a la organización de la Fiesta Nacional del Inmigrante, que desde hace algunos meses comenzó a tejer una serie de estrategias para asegurar que el difícil momento económico no opaque el brillo que sabe tener la más tradicional de las fiestas misioneras. Los meses previos fueron de temor y preocupación, desde la Federación de Colectividades no esconden esto, pero a una semana de desarrollarse la fiesta las preocupaciones se están disipando y el panorama parece alentador.

El presidente de la Federación es Juan Hultgren, y fue quien explicó que “ante las crisis trabajamos en mira de lo que podría ser, con costos de entradas accesibles y con las colectividades para tener precio de platos accesibles. Fue un trabajo a pulmón y en equipo que hasta ahora hizo que la gente responda”. La fiesta le demanda un costo cercano a los ocho millones de pesos a la organización. Si bien la suma aún no está cubierta, si aseguran que el panorama es alentador y si se mantiene el ritmo de visitas, y el clima acompaña, los costos se cubrirían sin inconvenientes.

En este contexto de necesidad, y temor, todos agudizaron el ingenio para atraer visitantes. En ese sentido, Hultgren explicó que “el tener dos días de ingreso libre que ayuda a que el público venga a recorrer y pasarla bien, viendo un hermoso espectáculo”. Otra de las estrategias fue adelantarse con los contratos, para que la devaluación no golpee tan duro en el sector de mayores costos, los espectáculos. “Los espectáculos se organizaron desde febrero, se firmaron los contratos bajo los valores de aquellos días y eso nos ayudó”, explicó Hultgren.


En cuanto a las colectividades, la estrategia fue diversa, pero todas buscando lo mismo, que el precio de los platos no apriete las billeteras golpeadas de los visitantes. Visitantes que no dudan en preguntar, antes de sentarse, si hay ofertas, combos o platos para compartir. Federick Boulay es el presidente de la colectividad francesa, donde la estrategia fue ampliar algunos platos para que puedan compartirse.

“Antes de la apertura teníamos dudas sobre los platos y los precios, porque son tiempos complicados y la gente tiene en mente que los tiempos que vienen no van a ser mejores. Entonces preparamos platos muy copiosos para que una familia completa pueda comer, porque no vienen a buscar comida muy fina, si no el poder venir y sentarse a comer y poder salir contentos de que comieron en una casa típica”, explicó quien además afirmó que la colectividad se propone “ser popular”.


En la casa paraguaya la situación es similar. Allí, Aníbal Arzamendia, que es tesorero de la colectividad, explicó que “aumentaron mucho los insumos y lo que pensamos estrategias para no trasladar el costo de los insumos, bajando el margen de ganancia o poniendo ofertas y combos”. En la casa alemana la situación es similar.


Allí, Raúl Rietcher explicó que “se ve poco movimiento, pero la gente que viene a nuestra casa consume. Tenemos un plato que es el típico que es variado y puede compartirse”. A la fiesta le quedan apenas cuatro días, cuatro jornadas en las que las colectividades esperan que la situación sea aún mejor, sobre todo porque las grandes apuestas en materia de espectáculos están por venir.


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