El fin de la cuarentena de Mara en Brasil: por primera vez hace vida de elefanta

Jueves 9 de julio de 2020 | 08:18hs.
La elefanta Mara está hace más de un mes en un santuario brasileño y una amiga inseparable: Rana. | Foto: Santuario Global de Elefantes
Pocas entrevistas telefónicas tienen un sonido de fondo tan particular: los trompeteos de la elefanta Mara, que desde que llegó al Mato Grosso “no para de hablar”. Lo cuenta Scott Blais, en un recreo de sus tareas como director del Santuario Global para Elefantes. Allí irán en un año y medio Kuki y Pupi, las dos elefantas que quedan en el Ecoparque porteño.

La decisión de enviarlas al mismo santuario responde en gran parte a la experiencia con Mara: tras 25 años en el Ecoparque, esta elefanta asiática recuperó en menos de un mes el brillo en la mirada, el músculo perdido, parte del esplendor de su deteriorada piel.

“Nuestra casa está en la cima de un cerro y los elefantes están abajo, en el valle. Casi todas las noches escuchamos a Mara desde casa, trompeteando y hablando. Es hermoso”, cuenta este entrenador y fisioterapeuta, que cofundó el santuario en 2013 en Tennessee, Estados Unidos, y un año después comenzó a trabajar en la sede brasileña, junto a su esposa Katherine.

Hoy Mara tiene interlocutores para sus charlas: no sólo el staff del santuario sino la elefanta Rana. Ahora es su compañera inseparable, aunque en un principio la recién llegada quedara apabullada por su intensa bienvenida.

Blais cree que fue porque, detrás de su personalidad expresiva, Mara es muy insegura. “Fue arrancada de su mamá y puesta en cautiverio, sin recibir un proceso de socialización adecuado ni poder aprender cómo ser elefanta. Su inseguridad expresa el trauma de una crianza antinatural”, explica.

Mara y Rana son asiáticas. Kuki y Pupi, africanas. Estas especies no deben integrarse en un mismo recinto. Por un lado, su alimentación es distinta: los elefantes asiáticos suelen comer materiales más suaves, como hojas o pequeñas ramas, mientras que los africanos se alimentan también de corteza, por lo que “matan” más árboles. Por el otro lado, esta especie suele ser más activa y expresiva, razón por la que se recomienda que vivan menos ejemplares en un mismo espacio. 


Fuente: Clarín

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