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El olor a tabaco de los fumadores también afecta a los pulmones de otros

Viernes 11 de mayo de 2018 | 02:00hs.

Fumar es una práctica cada vez más restringida. En las oficinas, los pocos fumadores que quedan suelen salir a terrazas o a la calle para apurar un cigarrillo y regresan con ese característico olor a tabaco tras ellos. Un equipo de investigadores ha descubierto que es algo más que olor.

Todo empezó en 2014 con un estudio completamente ajeno al problema del tabaquismo. Un equipo de investigadores de la Universidad Drexel, en Pennsylvania, estaba examinando el aire de una estancia cuando descubrieron que un tercio contenía sustancias como la nicotina o la piridina asociadas al humo del tabaco. La cuestión es que en la estancia, como en tantos otros edificios en todo el mundo, hacía mucho tiempo que ya no se fumaba. ¿Cómo era posible que hubiera residuos químicos del tabaco en el aire?

Peter DeCarlo y su equipo del departamemto de química comenzaron a experimentar con el humo de tabaco, concretamente estudiaron qué ocurre cuando el humo y los contaminantes aéreos del tabaco se solidifican y quedan adheridos a superficies como la ropa y el pelo de un fumador, o las propias paredes de una estancia. Cómo se comporta, en definitiva, lo que comúnmente conocemos como “olor a tabaco”.

Lo que hicieron fue bombear humo de tabaco en el interior de una cámara y mantenerlo un rato en suspensión. Después, bombearon aire limpio en la cámara para eliminar el humo, dejaron pasar todo un día y volvieron a hacer pasar aire por ella. El 13% de ese aire limpio que pasó al día siguiente tenía contaminantes en suspensión comúnmente asociados al tabaco.

Resulta que los residuos solidificados del tabaco no se quedan ahí para siempre. Algunos encuentran el camino para volver al aire y de ahí a los pulmones de las personas que estén en esa estancia. El proceso ocurre como sigue. Muchos contaminantes del tabaco están asociados a átomos de nitrógeno que son una base débil. En otras palabras, tienden a ganar carga positiva al atraer nuevos protones. Cuando esto ocurre se mantienen pegados a las superficies. Sin embargo, cuando las partículas entran en contacto con algunas sustancias en suspensión como el amoníaco (una sustancia asociada a algunos limpiadores pero que también exhalamos al respirar), pierden su carga positiva y saltan de nuevo al aire, conde pueden adherirse a otras partículas en suspensión.

El proceso es especialmente intenso en verano, cuando las temperaturas cálidas del exterior de un edificio contrastan con las frías del interior por efecto del aire acondicionado. Las corrientes de circulación del aire distribuyen las partículas del tabaco a otras estancias.

Escriben en Gizmodo que el estudio de DeCarlo y sus colegas no se centra en el efecto que tienen esas partículas en los pulmones, pero ya hay muchos estudios que vinculan el humo a afecciones como el asma o el cáncer en fumadores pasivos. Los investigadores siguen examinando los efectos de estos residuos y comparándolos con los que dejan los cigarrillos electrónicos y vapeadores actuales. [Universidad de Drexel vía Science Advances]

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