Entre reyes y dioses

Martes 21 de mayo de 2019 | 05:00hs.
Cristian Avellaneda

Por Cristian Avellaneda deportes@elterritorio.com.ar

El tiempo se detiene en pleno centro de Posadas y el ruido del silencio invade el ambiente en un salón preparado para la ocasión. Allí distintas generaciones comparten sus conocimientos sin barreras temporales. Es que el ajedrez es de los pocos deportes en los que prevalece la mente por sobre el físico y una jugada perfecta vale más que un trofeo.
Ya hace unos años que la Asociación Civil Juego Ciencia abrió las puertas sobre calle Bolívar (entre Buenos Aires y Rivadavia) para implementar el ajedrez competitivo, educativo, un movimiento audaz por donde se lo mire, siempre siguiendo las líneas clásicas que llevaron a este deporte a ser considerado como ejemplo en la formación de identidades.
La escuela está abierta para todo público y, como no podía ser de otra manera, cuenta con profesores de todas las edades. La famosa frase: “Hasta que el alumno supere al maestro” puede aplicarse como diploma apto al momento de renovar a los educadores.
El caso de Franco Munch es de los más particulares y pinta a la perfección los ideales del taller. Con 16 años, el posadeño es uno de los profesores del lugar. De niños a adultos, no hay límite de alumnos para el prodigio y baluarte del ajedrez local, quien representó a la provincia en varios torneos.
“Mi papá me enseñó a jugar cuando tenía 4 años; él me sentaba junto con mi primo… pero como yo era muy chico agarraba las piezas y salía a correr”, inició la charla con El Territorio, “con el tiempo aprendía rápido y jugaba bien, entonces me lo tomé en serio a los 12 años”, agregó.
“Antes de enseñar tuve que aprender y tuve que ir a varios profesores. Después me largué solo hasta llegar a un cierto nivel en el que consideraron que podía hacerlo”, siguió Franco. “Decidí comenzar con las clases porque vi que muchos chicos entraban, miraban y salían…”, remarcó.
“Se puede decir que hay algunas diferencias entre enseñar a un chico y un adulto, pero lo cierto es que se requiere disciplina, estudio y horas sentado (entre risas)… mucha paciencia”.
“El ajedrez es como la ciencia, tiene sus procesos y debe ser muy exacto cada movimiento de la partida. Representa un juego pero no como cualquier otro. Todos lo pueden jugar, pero si no hay ganas de aprender esa persona no va ni para atrás ni para adelante”.
Franco es el mayor de tres hermanos y, si bien el ajedrez es importante, su verdadera pasión es la religión.
“Estoy en el quinto año del Mariano Moreno y el ajedrez es mi hobby. Por ahora mi prioridad es la escuela y conseguir una beca para ir a estudiar la carrera de Teología a Entre Ríos, en la Universidad Adventista del Plata”.
“Cuando comencé ajedrez, en paralelo empecé a estudiar la Biblia y me bauticé en la Iglesia Adventista del Séptimo Día dos semanas antes de salir campeón provincial; mi primer campeonato en el 2015. A medida que fui avanzando me di cuenta que en la Biblia se ordena guardar el sábado como un día de reposo y descanso absoluto dedicado para Dios, por eso decidí ir dejando de jugar los torneos”, aseguró.
“Mi familia me empujaba a que juegue por el tema de ganar torneos y sponsors pero fue una decisión personal, en primer plano Dios y luego el ajedrez. Últimamente no estoy compitiendo porque los torneos se juegan en su mayoría los sábados, pero hay algunos que otros a los que voy”, cerró.
El profe Franco trazó sus objetivos. Hoy vive entre torres, reyes, alfiles y dioses, aunque es sabido que es uno de los caballitos de batalla de este taller.
Las clases se dictan los lunes, miércoles y viernes de 17 a 23 y los interesados pueden consultar al celular 3764-216318.


Algo personal

  • Familia: Nancy Dávalos (madre), Fabio Munch (padre), Jeremías y Victoria (hermanos).
  • Algunos logros: campeón provincial 2015 y 2016, subcampeón provincial 2017. Participación en los Juegos Nacionales Evita (fue bronce) y en el campeonato argentino de ajedrez.

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