Forlí y Bolonia, joyas medievales en el norte de Italia

Domingo 23 de febrero de 2020 | 09:00hs.
Por Sonia Benítez

Por Sonia Benítez comerciales@elterritorio.com.ar

Dicen que el enamoramiento provoca un enorme deseo, es incluso una adicción: la atención se focaliza en lo amado. Mientras se está bajo su “hechizo”, intervienen en nuestro cerebro potentes neurotransmisores, que hacen que percibamos con tanta intensidad las emociones. 
Esa emoción la vuelve a revivir Constanza Bergallo, cuando relata su viaje a Forlí, donde sus hijos se mudaron hace un tiempo. La estadía le permitió conocer varios rincones de esta ciudad italiana, que se caracteriza por sus monumentos y sus exquisitas obras de arte. 
Forlí es un pequeño pueblo de 100 mil habitantes que está a una hora de Bolonia en tren y hasta puede llegar a ser menos tiempo. 
“El verdadero viajero es el que es parte del pueblo, el que se mezcla con la gente del lugar”, dice Constanza, que reside en Posadas, recordando que en su visita vivió junto a italianos de diferentes zonas que fueron enseñándole la idiosincrasia de cada lugar. Para visitar a sus hijos partió en un avión desde Buenos  Aires hacia Roma y desde ahí el siguiente transporte fue un tren que la llevó hacia Bolonia. Allí fue el encuentro con sus hijos, que la llevaron a su casa en Forlí, también en tren. 
La ciudad es medieval, con edificios que llaman la atención, como así lo hace una estatua de Mussolini que genera más de una pregunta al visitante. “La ciudad no es turística. La gente no es de soltarse con el desconocido. La gente que vive ahí tiene campos, viñedos. Ahí están los vinos más ricos del mundo, los quesos más ricos del mundo, las pastas más ricas” comentó la viajera, que confesó que cada tanto se “escapaba” hacia Bolonia, que queda a poca distancia. 
“La Universidad de Bolonia es la más antigua de Occidente”. La ciudad es la  capital de la región Emilia-Romaña, en el norte de Italia. Una de las ciudades antiguas mejor conservadas de Europa. En un pasado hasta podría compararse con Venecia por los canales que tenía, que con el paso del tiempo fueron rellenándose. “Yo me enamoré de Bolonia. Fui varias veces desde Forlí. La estación central de Bolonia es inmensa. Es el nudo desde donde se va para todos los lugares del mundo. Es un lugar muy estratégico, hay turistas de todas partes”, recordó Constanza. 
Las calles de Forlí son hermosas. El empedrado se va uniendo formando una especie de laberinto. La plaza principal contiene una fuente y a partir de ella se fue armando la bella ciudad. 
“Yo me levantaba y agarraba la bicicleta. Allá todo el mundo se mueve en bici, en general no se anda tanto en auto porque son más conscientes del cuidado del medio ambiente, pero aparte son ciudades muy antiguas, su casco histórico se preserva mucho. Hay adoquinados, piedras medievales, las calles son medievales, son piedras gigantes”. 
“Mis hijos vivían muy cerca del centro en Forlí, que está separado del centro por un famoso Parco della Resistenza, que se llama así porque en la época de la resistencia de los italianos los famosos partisanos -que eran los guerrilleros que luchaban por la independencia de italia-  se peleó ahí. Era donde se escondían ellos. Vos vas caminando por las calles de Forlí y ves que dice en las casas ‘aquí vivió el partisano fulano de tal muerto honoríficamente en tal fecha en la Segunda Guerra Mundial en tal lugar’. Ese Parco della Resistenza hay que atravesarlo con bicicleta. Está lleno de cisnes, de lagos, de lugares para sentarse”.

Escapadas salidas de un sueño
Cada vez que Constanza tenía un momento, tomaba un tren y visitaba Bolonia. Toda la vida central de Bolonia se desarrolla en la Piazza Maggiore, donde está el Palacio del Alcalde, la Catedral de San Petronio, la de San Esteban y la famosa Fuente de Neptuno. Una escultura que dicen que tiene una estructura subterránea con túneles donde se refugiaban en la Segunda Guerra Mundial. 
“La primera vez que fui sola recuerdo que me fui a comprar unos discos vinilos. Busqué en Google Maps y me salieron una cantidad de lugares donde comprar. Me bajé en la estación central y empecé a caminar. Y me fui enamorando de Bolonia, porque está llena de pórticos. Las veredas de las casas están tapadas con portales. Las veredas están tapadas para prevenir la lluvia y en el verano ahí se puede caminar más fresco”, recordó Constanza, que tiene a Bolonia como un capítulo inolvidable en su hoja de vida. 
Una de las tantas bellezas de esta ciudad italiana es el santuario de San Lucas, que está en una colina desde donde se ve toda la ciudad. De ahí salen 3700 metros de galerías cubiertas que bajan por toda la colina y llegan al centro de Bolonia. Se dice que es el pórtico más largo del mundo. 

“Abuela estoy en el mismo lugar”
Constanza recordó que cuando su mamá se recibió de abogada se fue a Bolonia con una beca y vivió ocho meses ahí. Se enamoró de Bolonia y siempre hablaba de la famosa Piazza de Nettuno. “Se sacaba fotos. Hay una foto en blanco y negro divina con todos sus compañeros. Y ahora mis hijos cuando fueron se sacaron una foto ahí y le mandaron, le dijeron ‘mirá abuela dónde estamos. Sentados en la misma fuente que vos’. Bolonia es una ciudad soñada. 
La Fuente de Neptuno  tiene un lugar donde se toma agua pura de Italia. “Yo repetí el dicho de mi hijo: mamá acá estoy sentado y bebiendo de las aguas de Neptuno.  Una vez me fui muy temprano a la mañana y caminé por la famosa vía de la Independencia,  que es enorme. Es una avenida ancha  rodeada de veredas con los pórticos que van de la estación central- de donde te bajas del tren- pasa por el famoso Parco della Montagnola, que es un parque alucinante, con unas estatuas hermosas. Pasa por ese parque, sigue y termina en la Piazza Maggiore.  Entonces uno camina muchísimas cuadras y vas viendo que te vas acercando al lugar donde ya termina la vía de la independencia y ahí te encontrás con la Fuente de Neptuno.

Gastronomía para sentir 
Lo mejor de llegar a un lugar es sentir el gusto propio del destino en cuestión y en Italia la comida es algo con sabor único. 
Una vez, Constanza llegó temprano a Bolonia y mientras esperaba que comience el movimiento de la ciudad aprovechó para sacarse unas cuantas fotos. 
“Estaba sentada y no podía creer, porque hay gente de todo el mundo. A las tres de la tarde no podés sacarte una foto de tanta gente que hay. Yo decía ‘no puede ser’. Me sentía la mujer más feliz del  mundo. Me compré un cannoli, que yo comía todos los días. Me compraba un cannoli y un helado” recordó Constanza. El cannoli es una masa tipo factura hojaldrada, alargada y adentro está relleno con crema pastelera.  “Se come en todos lados, vas te paras en un bar, lo pedís y te lo dan”. 
El gelato italiano es de lo más exquisito, el de pistacho es increíble y sale alrededor de 2.50 euros y un cannoli se puede conseguir por un euro.  
“Ellos toman un café chiquitito. Muy chiquito. ‘El café es sagrado’” decían. Todo el tiempo toman café. Tienen su forma de preparar la salsa, la carne, todo es muy distinto.  A veces hacen una pasta que está como flotando en un caldo y es el famoso tortelenni que es como una pastita rellena, riquísima Ellos comen distinto a nosotros”.
Cuando Bolonia se creó tenía más de cien torres.  En la actualidad quedaron solamente dos, se cayeron todas porque tuvieron guerras y bombardeos. “Bologna es una ciudad soñada, yo me enamoré de estar sentada ahí. Hay un Palacio del Alcalde al costado, miré y decía ‘venga a degustar el tortelinni -que es la pasta de ellos- hecho por todos los chef de Italia, entrada gratis’. La cola rodeaba toda la plaza, adentro había stands y cada uno era de un chef italiano con ayudantes, con el nombre del restaurante y de toda Italia. Te daban para probar el tortellini más exquisito que se pueda probar”.  
En Bolonia hay lugares donde comer la pasta muy barata, hay pasta hecha, por ejemplo, con vino y es roja. El costo de un plato de pasta, con café y un postre ronda los 20 euros. 
“Las pizzas las venden en lugares especiales que no dicen pizzería. Vos entrás y hay 20 variedades de pizza y cada porción te dan doblada con unos papeles blancos y te vas comiendo la pizza, eso sale 6 euros. El pedazo que venden viene a ser como tres pociones”, dijo Constaza al rememorar los detalles de su viaje soñado. 

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