Los laberintos de las visitas a hijos de padres separados

Domingo 5 de julio de 2020 | 06:00hs.
Cuando se decretó el pasado 20 de marzo el aislamiento social, preventivo y obligatorio en todo el territorio nacional el desconcierto fue general en todos los actores de la sociedad. El mundo no estaba preparado para afrontar una epidemia que cambiaría para siempre la cotidianidad. Tampoco esperaba que el aislamiento y el cese de diversas actividades generaran tan fuerte impacto en lo social, en lo económico y en lo convivencial.
En ese contexto, padres y madres separados tuvieron en ese entonces un dilema respecto de sus hijos. ¿Qué pasa con el régimen de visitas? ¿En qué casa se queda el niño, niña o adolescente para cumplir la cuarentena? ¿No es injusto que por todo este tiempo no lo pueda ver? Estas fueron algunas de las preguntas que tuvieron que responder abogados y mediadores frente a un panorama que se presentaba complejo.
“Casi todo el primer mes del inicio de la cuarentena recibí muchas consultas al respecto, no sólo institucionales sino de colegas y amigos también sobre qué hacer y los alcances del decreto”, indicó a El Territorio Marcelo Sussini, abogado de la Defensoría de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de la provincia de Misiones.
Sucede que en un primer momento, la resolución 132/2020, de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia, dependiente del Ministerio de Desarrollo de la Nación había determinado que hijos e hijas de madres y padres separados debían permanecer en el domicilio que sea su “centro de vida, o el más adecuado al interés superior del niño, niña o adolescente” y sólo permitió un traslado durante toda la cuarentena.
Una de las excepciones para este traslado del hijo o hija, según estipulaba el documento, era si “uno de los progenitores por razones laborales, de asistencia a terceros u otras causas de fuerza mayor deba ausentarse del hogar en el que se encuentra el niño, niña o adolescente, pueda trasladarlo al domicilio del otro progenitor, familiar o referente afectivo”. 
Es decir, que el régimen establecido que tenía la ex pareja quedaba nulo, ello con el fin de resguardar la salud de sus hijos. En ese sentido, José Luis Montoto, director del Centro Judicial de Mediación (Cejume), del Poder Judicial de Misiones, sostuvo: “Lo que promovimos desde el centro fue generar conductas colaborativas cuando estás en esta situación, promovimos seguir manteniendo la conexión con el otro progenitor aunque sea de manera virtual. Mantener la relación a los efectos de no generar estrés en el niño”.
Es así que profesionales y abogados apelaban, cuando la cuarentena estaba en su primera fase, a una “grandeza” por parte de los progenitores para recurrir al diálogo y llegar a un acuerdo a favor de los niños, niñas y adolescentes porque su bienestar es el que tiene que primar por sobre todas las cosas.
Respecto de esto, Montoto señaló que durante el período de mayo a fines de junio el Cejume recibió 19 expedientes por régimen de visitas y 368 por cuota alimentaria, mientras que marzo a abril no hubo recepciones.
“En este período se volvió a hablar sobre la cuota alimentaria porque hay gente que dejó de cobrar, que no puede trabajar, que se quedó sin los recursos que tenía destinados para tal o cual cosa. Las finanzas se tuvieron que rediseñar y las parejas separadas tuvieron en mediación un espacio de diálogo para que eso se resuelva”, resaltó.

Camino a la flexibilización
Cuando se comenzaron a flexibilizar las actividades y la cuarentena dejó de ser tan estricta, los niños, niñas y adolescentes fueron autorizados, “como actividad excepcional”, a alternar una vez por semana para entre las casas de sus progenitores o de algún referente afectivo, de acuerdo a la Decisión Administrativa 703, que se publicó en el Boletín Oficial el 1 de mayo. Esto “a fin de garantizar el derecho de niñas, niños y adolescentes a mantener relaciones personales y contacto directo con progenitores o referentes afectivos en los términos establecidos por la Convención sobre los Derechos del Niño y el Código Civil y Comercial de la Nación”.
Hay que destacar que los progenitores y los referentes afectivos deben portar sí o sí la declaración jurada aprobada por la Resolución 132/20 del Ministerio de Desarrollo Social.
Lo cierto es que por lo general, pero no en todos los casos afortunadamente, los pequeños son vistos como botín de guerra dentro de una relación conflictiva entre sus padres. Son el objeto de un tire y afloje en el que su bienestar se ve opacado por rivalidades que los exceden.
“Hubo casos en los que la Justicia habilitó las salidas e inclusive se forzó a través de la fuerza pública a que se cumplimente. Sin embargo, siempre hay que ver cuál es el régimen que tiene aplicado”, contó Sussini.
No obstante, hay otras realidades en las que sucede todo lo contrario, los adultos se ponen de acuerdo respecto de lo que es lo mejor para los chicos y actúan conforme a ello. Tal es así que hubo algunas ex parejas que volvieron a convivir durante un tiempo para que el chico no pierda la comunicación ni el vínculo con ninguno de los dos. Negociar y ceder es en estos casos el camino más acertado.
Las historias pueden ser diversas e incluso antagónicas, como las que se leerán en las siguientes páginas. La primera refleja el caso de un padre que durante 76 días se vio imposibilitado de ver a su hija por una denuncia que resultó ser falsa. La segunda es el contraste, una ex pareja que decidió volver a convivir durante los primeros días de cuarentena para pasar tiempo con su hijo en común sin exponerlo al riesgo de contagio. 

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