Noción de solidaridad y memoria colectiva

Domingo 17 de noviembre de 2019
Por Silvia Godoy

Por Silvia Godoy sociedad@elterritorio.com.ar

Para los mbya la única manera de defender su lengua es hablarla. La dicen en las rondas de mate de la tarde, cuando se tratan los asuntos de todos y, en la hora de enseñanza de los niños, con cantos y juegos.
Entienden que en la palabra está el corazón de las nociones de solidaridad, identidad, naturaleza y territorio que conforman el universo de la organización al interior de las comunidades. 
Si perdieran el decir, desaparecería la aldea, esa unidad que se sostiene colaborativamente y es la base del modo de ser mbya.         
 “Nosotros tenemos la misión de defender nuestro idioma mbya ayvu hablando todos los días y también haciendo un rescate de las tradiciones orales y escribir  para que no se pierdan”, indicó  Germán Acosta (34), cacique de Tavá Mirí, de San Ignacio, a El Territorio.   
Acosta da clases de música y cultura en la escuela de la comunidad y también dirige el coro de niños Tavá Mirí que tiene en su repertorio canciones que llegaron de muy lejos en la historia. El coro se presentó en la provincia y en ciudades como Córdoba y Buenos Aires -entre otras- y grabó un material para difusión.    
“En la comunidad tenemos muy buen diálogo con la escuela, con los docentes y yo enseño música. Encontré en la música una forma de transmitir a los niños nuestra cultura ancestral y también de hacer conocer más allá de la aldea, porque con el coro viajamos por Misiones y por el país cantando cosas que nos enseñaron nuestros abuelos para que no se olviden”, señaló el dirigente. 
En la comunidad funciona un aula satélite de la Escuela primaria EIB 44 con una matrícula de poco más de 40 estudiantes y que integra a guaraníes y blancos en las clases. 
“Yo veo un problema con nuestro idioma en los más jóvenes, que es que algunos sólo hablan en español y ya casi no hablan guaraní. Los adultos tenemos que hacer un trabajo grande para revalorizar nuestra cultura y que los más jóvenes no se sientan menos por ser mbya porque si se sienten mal se dejan llevar por la presión de lo que viene de afuera, el querer tener cosas y cosas”, planteó. 
Hace unos años, sobre todo desde la obligatoriedad de la escuela secundaria, los jóvenes mbya han logrado finalizar la enseñanza media e ingresar al ciclo superior. 
“Se da una migración a las ciudades y eso es bueno porque hay que crecer y formarse, algo que hace unos años no era muy posible y hoy se da porque algunas comunidades tienen secundaria o los jóvenes viajan y después van a la universidad. Por eso la enseñanza de la casa y de la aldea tiene que estar fuerte para que cuando vean otras maneras de vivir y de hablar y otras cosas que no pueden comprar sepan bien de dónde vienen y no se olviden de su esencia”, aseveró. 
Y ante el avance del uso del celular y de la música “que viene de afuera” como nombra Acosta a lo que se encuentra más allá de los límites del territorio de la aldea, “hacemos charlas con los adolescentes para que quieran su cultura y aprecien las enseñanzas de los antepasados. El mbya no es feliz cuando se aleja mucho de la naturaleza y si uno lleva las enseñanzas puede irse pero siempre va a volver”, dijo.

Cuidar la comunidad 
Similar preocupación tienen los mayores de la comunidad de Mbokajaty (tierra poblada de cocoteros), también ubicada en la localidad de las reducciones y una de las más numerosas con alrededor de 60 familias.
Delia Giménez contó que todos los chicos van a la escuela y que se cuida mucho que antes de la escolarización aprendan bien el guaraní. “Acá los más grandes poco y nada hablan español, es una forma de cuidar nuestra lengua y que los jóvenes aprendan más”, ponderó. 
Marta Escobar (52) escucha al de afuera, hace larga pausa y responde en mbya, alguien traduce: “vemos que afuera es más individualista, tenemos preocupación de perder la vida en comunidad, porque nuestro pensamiento es distinto, nos ayudamos entre todos.  Si los jóvenes no aman nuestra cultura, se va a perder. Cada uno va a ir por su lado, así la comunidad ya no va a tener sentido y no sabemos nosotros vivir solos porque desde siempre vivimos en comunidad que es como una gran familia”. 

La selva provee 
Las comunidades tienen paisaje de monte, muy cerca de las casas están las plantaciones de maíz, mandioca, cebollita, poroto. Y apenas se agota la extensión cultivada comienza la línea de árboles y enseguida la selva.
“El monte, la naturaleza es parte del modo de vida mbya, queremos el monte como el idioma. La selva nos da el alimento y el agua, los animales que son el sustento, la miel, las frutas, la madera para hacer las casas. Eso se cuida porque no podemos vivir sin la tierra y sin el monte y sin nuestra lengua. Y todo está en riesgo si no lo cuidamos, lo que está a nuestro alcance es enseñar  a los niños a estar en comunidad”, reflexionó Marta.


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