Sacheri: “Debajo de la superficie del fútbol están los temas definitivos”

Sábado 6 de octubre de 2018 | 05:00hs.
Silvia Godoy

Por Silvia Godoy sociedad@elterritorio.com.ar

Eduardo Sacheri visitó ayer la Feria del Libro de Posadas, que se realiza en el Centro Multicultural en el cuarto tramo de la Costanera, se reunió con los lectores en dos oportunidades: por la mañana habló de su extensa lista de títulos y sobre todo de fútbol, que es uno de los tópicos que el autor elige a menudo para abordar la vida.
Por la tarde, se refirió más a la estructura de novelas y cuentos.
En entrevista con El Territorio, antes de comenzar la charla, el escritor y docente, autoproclamado hincha de Independiente, explicó por qué considera a este juego como una metáfora de la existencia y a la vez, como campo fértil para reflexionar sobre la condición humana.
“Hablar de fútbol es hablar un poco de la vida, al menos así lo vivo yo al fútbol, es el escenario para proponer cuestiones más profundas. Me encanta jugar al fútbol y, como todo juego, te lleva a zonas más profundas y complejas del ser humano, que el propio juego. Es una puerta de entrada, literariamente lo aprovecho de este modo y probablemente a los lectores les pasa los mismo. Entonces, será bueno encontrarnos por debajo de la superficie del fútbol, en esa otra zona mucho más importante, ahí donde están y suceden los temas definitivos”, sostuvo sobre el binomio autor-lector.
Sacheri da clases de Historia en secundarios de la provincia de Buenos Aires, y estar cerca den los adolescentes le representa un contacto “con una realidad” que de otra manera le sería escamoteada. “Sigo frente al aula, es un día a la semana, porque la escritura igual que la docencia demanda mucho tiempo, pero sigo ahí, mal que les pese a mis estudiantes”, bromeó.
Ese deambular por pasillos y salones, a más de su oficio de escribir, le hicieron un promotor del hábito de la lectura y un crítico empeñoso de algunas verdades enquistadas en el ámbito de la educación.
“Como no hay dos adultos iguales, no vamos a encontrar dos chicos iguales, me parece que los adultos cometemos el error de sancionarlos muy críticamente y de quejarnos y decir ‘los pibes de ahora no leen’. A mi me gusta pensar que los chicos de ahora leen poco -es cierto-, pero los adultos de ahora también leen poco, los docentes de ahora leen poco. Quiero decir con esto que desde el mundo adulto también nos hagamos cargo de nuestras dificultades con el universo lector, en vez de caerles a los chicos en general como si fueran los responsables de problemas que hemos creado nosotros”.
Esta interacción genuina con los jóvenes quedó en evidencia durante la conferencia, la mayoría del auditorio eran chicos de la escuela y que fueron hasta la costanera con alguno de los libros de su autor favorito para que los firme.
A expensas del moderador, Carlos Vedoya, describió sobre el arte de construir un texto.
“Los escritores escribimos solos con nuestra alma, por eso estos espacios para vernos las caras son muy estimulantes. En mi caso, yo escribo para mí, que dicho así capaz suena antipático, porque dirán a este no le importan los demás, pero mirémonos: somos hombres, mujeres, jóvenes, viejos, chicos y chicas de la escuela. Cualquiera de nosotros dice voy a escribir y en quién pensás”.
“Creo que uno escribe para entender mejor algunas cosas o para visitar cosas que ha perdido o para tolerar cosas que duelen o para ser un poco feliz vinculándose con algo, pero más allá del enfoque personal, eventualmente, el lector hace lo mismo”.
Señala que en el largo proceso de sacar un libro (escribir, publicar, que se venda y que alguien lo lea), “el lector lee y se lo lleva a su propia vida, por eso digo que el escritor escribe para sí mismo y el lector lee para sí mismo”.
Pergeña un círculo perfecto: “Es maravilloso, está el autor, el lector y en el medio está el libro, el escritor lo escribió para una cosa y el lector lo lee para otra, y no creo que haya una mejor función para el arte de poder hacer algo mejor en nuestra vida”.
Y volvió sobre los cuentos de cancha, porque su interlocutor lo alineó con Roberto Fontanarrosa, Osvaldo Soriano, Eduardo Galeano y Alejandro Dolina.
-Tu obra, igual que la de ellos, es como un decálogo del buen hincha, maneja el sentir del aficionado y emociona- propone Vedoya.
En ese momento, expresó sobre el Negro y el Gordo, “no puedo decir que no disfruté que me filien con tipos que uno admira, pero la verdad es que yo soy de la generación que se beneficia del camino que ellos abrieron, hoy escribir de fútbol no está mal visto gracias a que ellos iniciaron el género y lo consolidaron, ahora ellos están en otra órbita, primero porque ya no están, ya no escriben, pero nosotros volvemos a sus libros siempre”.
Por último, indicó que tanto en la vida como en el juego, la ética se sostiene cada día.
“Hay como toda una reflexión sobre el fanatismo que a mí no me gusta, no comparto. Yo puedo ser un hincha ridículo, enfermizo de que me amarga perder, pero un fanático no, porque para mí un fanático en el ámbito que sea es alguien violento irracional incapaz de ver virtudes en el otro, incapaz de ver defectos en sí mismo”.
Similar animosidad mostró por la palabra pasión. “Hoy en nombre de la pasión algunos piensan que está permitido todo, y no, no es así, podemos ser apasionados pero racionales, debemos saber qué está bien o qué está mal. Nuestras pasiones son nuestras cárceles, lo dice el personaje de Guillermo Francella en el Secreto de sus ojos”.

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