Sandu Móvil, de las dunas al pantano misionero

Sábado 22 de junio de 2019 | 19:15hs.
En San Pedro, los jeeps tal vez no son los vehículos más populares, pero sin dudas los que existen guardan historias increíbles, que dan fe del potencial de la mecánica y los vínculos que se forjan entre los amantes de estas máquinas.

Tal es el caso del Sandu Móvil, uno de los íconos de este modelo en Rosario, que por su trayectoria fue restaurado y resurgió luego de que una familia de San Pedro conociera su origen, siendo de valor sentimental invaluable tanto para su primer propietario como para el actual.

El Sandu guarda, se podría decir, una misteriosa historia. Se trata de un Willys CJ2A de 1946 que por 24 años fue el compañero de las mejores aventuras, travesías y eventos solidarios de Gustavo Longo, su esposa Mabel Sfasciotti Mancinelli y sus dos hijas, María Angélica y Cora, quienes residen en Rosario. Actualmente y de una forma muy especial, el jeep se encuentra en San Pedro y casualmente la persona que decidió comprarlo, Carlos Ferreira, apostó a su restauración, luego de que, buscando algunas piezas en internet para un jeep que había adquirido, se encontró con que ese jeep, era el famoso Sandu.

En el verano de 1983, cuando Longo vacacionaba en las playas de Villa Gesell, escuchó un ruido de motor y por curiosidad se acercó. Para quien los jeeps eran algo desconocidos, ahora pasaron a tornarse una pasión.

“Ahí vi como un jeep Willys intentaba cruzar la playa con un tráiler y se enterró en la arena, no iba para atrás ni para adelante, en un momento aparece un jeep blanco, con unas ruedas patonas, era como el súper poderoso que venía al rescate; lo sacó, la gente aplaudió, eso me quedo grabado y dije ‘yo quiero algo de eso’” relato a El Territorio Gustavo Longo.

Al regreso de las vacaciones, el espectáculo quedó como un recuerdo. El hombre hasta entonces se inclinaba por las motos y un día, mientras recorría la zona sur de Rosario, visualizó un jeep Willys que estaba en venta. El estado “daba lastima”, según el comentario del propio Gustavo. Sin embargo, aquella chatarra arruinada lo fascinó, cosa que a su esposa le pareció un disparate. Fue así que vendió la moto que tenía y con la mitad del dinero compró el jeep.

Teniendo en cuenta las malas condiciones que presentaba, las primeras intervenciones para ponerlo en funcionamiento fueron realizadas por las manos del artesano.

Pese a la condición precaria, emprendió, junto a su esposa, uno de los primeros viajes, desde Rosario hasta San Clemente del Tuyú. Al regreso, el rodado pasó por un desarme total del que salió originalmente impecable y pasó de un color verde militar a un rojo. De esta forma, el móvil se tornó el motorhome de la familia. Desde los 90, cada verano viajaban a vacacionar y trabajar, ya que participaban en la feria artesanal de Necochea, provincia de Buenos Aires. En ese ambiente nacieron las primeras relaciones con grupos de personas que toda su vida habían tenido ese tipo de vehículos, además de las travesías y el surgimiento del primer grupo de jeeps de Rosario, impulsado por Gustavo.

Ese primer grupo de 4x4 se llamó Agrupación Rosarina de Todoterreno. Con el pasar del tiempo, creó el grupo Pasión 4x4 Rosario, con cuyos integrantes realizaba travesías con fin solidario. Una vez por año organizaban un encuentro del cual participaban personas de todo el país. Se realizaba en terrenos que estuvieran cerca de alguna escuela o entidad a la cual pudieran ayudar. Siempre los viajes eran concretados con la familia, por lo que todos los integrantes guardan un recuerdo maravilloso del jeep, y también realizaron una travesía conociendo los paisajes increíbles de la Patagonia, viajando de Rosario a Ushuaia en 1998. 

De estos viajes nació el nombre del jeep, Sandu Móvil y Sandu 4x4, que terminó convirtiéndose en la marca registrada. Este original nombre se debió a que Longo solía prepararse sándwiches en las paradas, por lo que sus compañeros comenzaron a llamarlo Sandu. Además, considerando que en esa zona del país se encuentran grandes exponentes del automovilismo, es posible encontrarse con todo tipo de modificaciones que potencian el propulsor.

Al Willys se le adaptó un motor Ford 221, se le modificó la caja de cambios, la dirección y el diferencial.

“Necochea es una zona muy tuerca, cuna de grandes corredores, hay muchos injertos y cuestiones mecánicas, y fue como yo descubrí las reformas. Claro, yo tenía mi jeep con el motorcito original y al lado pasaba uno súper armado, lógicamente me daban ganas de que el mío anduviera igual, entonces lo modificamos para que tuviera prestaciones mejores. Con estos cambios llego a Misiones, aunque ya en muy mal estado, sobre todo en la carrocería” señaló Gustavo.

En 2008 fue cuando decidió venderlo. La venta la realizó a un arquitecto, quien lo usó por unos años y al no poder dedicarle la atención que necesita este tipo de vehículos, lo cambió por maderas. Ese maderero, en tanto, al tener contacto con personas de Misiones, lo terminó negociando nuevamente por madera y fue así que desde San Bernardo llegó hasta la Capital de la Araucaria, donde fue adquirido en 2011 por Carlos Ferreira, quien se apasionó, no tanto por el modelo sino por su historia, motivo por el cual el rodado se convirtió en un aliado para las aventuras con amigos.

Sobre el descubrimiento de esta historia, Carlos recordó: “Un día, buscando imágenes de jeeps con techos de lona parecidos al del mío, me encontré con la de uno muy particular, con características muy parecidas: neumáticos, luces, suspensión y el motor eran idénticos, entre otros detalles, una calco en uno de los laterales. Eran muchas las coincidencias, entonces miré la patente del vehículo, sentí mi piel estremecer de emoción al constatar que era el mismo dominio, no lo podía creer. Se lo conté a mi familia, y fue como decidí invertir en él, conservarlo por el inmenso valor sentimental y la historia, creo que sólo lo volvería a vender, si fuera para que volviera a ese origen”.

Casualmente, así como su primer dueño, Carlos también se inclinaba por la pasión sobre dos ruedas antes de adquirir el jeep, pero por razones de salud decidió venderla y comprar una 4x4. Cuando la obtuvo, se encontraba en mal estado, por lo que dividía su tiempo entre la gráfica, un emprendimiento familiar y el pádel. Dedicó parte de su tiempo durante tres años en realizar varias mejoras tratando de conservar varias piezas del modelo original.

Cuando llegó a sus manos, el color ya no era verde sino negro y aún conserva alguna calco de hace más de 20 años, como el que se encuentra en el parabrisas, recordando una travesía concretada con su primer dueño en Cerro Áspero, en la Sierra de los Comechingones.

En los primeros años ya en suelo misionero, el Sandu tomó parte en varias travesías dentro y fuera de la provincia, por lo que se le reforzaron varias de sus piezas para que el vehículo participe de las competencias de jeep cross. Entre estos retoques, Carlos le colocó freno a disco en las cuatro ruedas, palier flotante, embrague hidráulico, pedalera de Ford, barra de dirección Ford 96, butacas deportivas y un tablero completamente artesanal partiendo de la base de un Renault 18.

A la fecha, el jeep cuenta con un soporte realizado, como tantas otras adaptaciones, por las manos de Carlos, que permite trasportar un kayak. Con ello es posible que el joven pueda adentrarse en la selva, hasta lugares inaccesibles por otros rodados, para realizar travesías en kayak o simplemente disfrutar de una jornada de pesca con amigos, como así también recorrer el campo junto a su familia. 

Este gesto y rescate es de gran valor para la familia Longo, a la que Carlos contactó para que mantengan un vínculo con su Sandu.

“Para mí es una gran satisfacción que esté en las manos en las que está. En manos de una persona que lo pueda mantener, porque una vez, antes de que llegue a Carlos, mi hija lo vio al jeep en muy mal estado y yo casi lloro al verlo tan abandonado, por eso ahora sentimos una gran emoción. Ese sentimiento que nace en toda la familia por un vehículo, es una historia que se repite para bien” valoró Gustavo.

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