“Todos tenemos algo que ofrecer y una historia que contar”

Jueves 14 de junio de 2018 | 05:00hs.
“Todos los adultos fueron  niños alguna vez, pero sólo unos pocos lo recuerdan”, sostiene Antoine de Saint-Exupéry en El Principito, uno de los libros más leídos y queridos de los últimos tiempos. El aviador, personaje del relato, recuerda y narra sus experiencias de pequeño y su encuentro en el desierto con el rubiecito proveniente del asteroide B-612; lo cuenta a través de las manos y de la imaginación de Saint-Exupéry. Su historia llegó a millones, personas que si bien no tienen el libro en la mano, la escucharon, la siguieron transmitiendo y se reencontraron con su niño interior.

En concordancia con este postulado, se realizó hasta ayer el II Congreso Infancia y Cultura: Territorios para Pensar las Infancias, bajo el lema ‘Ver el mundo como los niños y niñas que fuimos’. Del encuentro participaron destacadas personalidades nacionales e internacionales. Una de ellas fue la socióloga y antropóloga francesa Michéle Petit, una de la mayores referentes en estudio de la lectura a nivel mundial.

Algunos de sus libros más famosos son Pero ¿y qué buscan nuestros niños en sus libros? (2002), El arte de la lectura en tiempos de crisis (2008), Una infancia en el país de los libros (2008) y Leer el mundo: Experiencias actuales de transmisión cultural (2015).

Antes de su conferencia, que marcaba el cierre del congreso, Petit dio una entrevista con El Territorio en la que hizo algunas reflexiones sobre las lecturas, la tradición oral y la infancia. 

El lema de este congreso es ‘Ver el mundo como los niños y niñas que fuimos’ ¿Qué significado tiene esto para usted?
Se relaciona con el hecho de que lo que siempre me importó en relación con la lectura, el arte y la literatura es la experiencia, lo que vive la gente y para ver lo que lleva la gente dentro puedes observar a los niños y a los adolescentes, para entender un poco lo que pasa.

Pero también puedes escuchar a gente más grande que recuerda el niño o la niña que fueron. Yo trabajé mucho en los recuerdos de infancia que, desde luego, son una elaboración, siempre el recuerdo se transforma, sin embargo la gente, en particular los escritores, han trabajado mucho, se han reencontrado con el niño o niña que fueron y es a partir de esa experiencia que han escrito. Nosotros mismos, los que trabajamos en este ambiente, tenemos de manera muy general una relación con el niño que fuimos y es deseable que así sea. Porque si vemos a los niños desde lejos, como algo que no nos concierne para nada, no creo que funcione.

Si el arte y la lectura son un derecho, ¿cómo se garantiza que llegue a todos aunque no tengan las mismas posibilidades?
No tiene que ver tanto con los libros sino con un tipo de lengua en particular. La literatura existe de manera oral y es inmensa. En todas las culturas y en todas las culturas orales se canta, se cuenta a los niños. Lo que pasa en el mundo contemporáneo -con la amplitud de las migraciones y con la manera en que se trata a los migrantes-, muchas personas pierden, olvidan o dejan atrás la lengua, los cuentos que les transmitieron cuando eran chicos. Poco a poco, con la vida dura, la omnipresencia de cómo sobrevivir se usa una lengua de la designación inmediata de las cosas, una lengua útil, y ya no se usa la lengua de la narración, la lengua poética; y eso para mí es lo muy grave, cuando no hay en un lugar, en una familia la presencia de esa otra lengua.

¿Cuál es el papel del adulto que está en la casa y del que está en la escuela para promover la curiosidad por la lectura?
Hay múltiples maneras que se inventan día tras día por mediadores culturales que pueden ser docentes, bibliotecarios, cuentistas que encuentran las formas. Ayer estaba una brasileña, Patricia Pereyra, y visité un centro que Patricia sigue desde años en Minas Gerais. En esa región las personas habían perdido, olvidado esta tradición oral, entonces ella propuso que la gente se reúna y cuente algo, adultos en este caso, y poco a poco se recupera esta otra lengua de la que hablamos y cada uno va enriqueciendo la biblioteca que tiene en la cabeza. Cada vez que narras algo a una persona por literatura oral o escrita, a los otros les despierta recuerdos propios y se reencuentran con sus riquezas propias. Todos tenemos algo que ofrecer y una historia que contar, pero a veces se tapan la boca, la olvidaron o creen que no están legitimados para hacerlo.

¿Por qué es importante rescatar y mantener esta tradición oral y estos relatos?
No se trata de mantener forzosamente esta tradición porque en ella también hay cosas horribles, no se trata de idealizar. Para mí lo más importante es relacionarnos con otras culturas, con otras formas de ver el mundo; no es lo uno contra lo otro, es lo uno y lo otro como complemento. Lo importante es no olvidar que somos seres poéticos, seres narrativos desde hace más de 30 mil años. Y en los tiempos contemporáneos nos vemos muy frecuentemente reducidos, en los discursos y en las prácticas, a variables económicas más o menos adaptadas a las exigencias neoliberales. No somos solamente eso, tampoco se nos puede reducir a nuestros roles sociales, por fundamentales que sean, somos también seres poéticos y quizás antes que nada y antes que todo seres poéticos. Es decir que hemos dibujado, hemos pintado, hemos cantado mucho antes de inventar la agricultura o de inventar la novela. Es una dimensión vital.

¿Leer siempre es un placer o debería ser un placer?
No es siempre un placer, pero por diferentes motivos. Si la lectura te recuerda a algo que te hizo mal en la escuela, donde sentiste una humillación porque no entendías. Leer también te hace llorar de dolor por ciertas experiencias, no es un jueguito, es una posibilidad de acercarse a la experiencia humana. Personalmente los libros que más me han gustado en la vida no fueron necesariamente los que más me dieron placer. Es una experiencia compleja. 

Por María Elena Hipólito
sociedad@elterritorio.com.ar

El Territorio no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite.

El Territorio se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina