Tornado en zona Centro provocó una víctima fatal e importantes estragos

Miércoles 13 de junio de 2018
De lejos se destacaba el rugir de las motosierras que iban liberando el camino bloqueado por árboles y postes del tendido eléctrico. Más cerca, en el epicentro de la tragedia, conmovía el llanto de Betiana, de 14 años, testigo del desastre que se llevó la vida de su papá, Juan Carlos Lester (40), víctima del tornado que en la madrugada de ayer afectó una amplia franja de la zona Centro de la provincia.
La adolescente arrastraba cansancio y algunos raspones menores, al tiempo que en reiteradas ocasiones preguntó cuándo podría ver a su mamá, Verónica Vargas (35).
Una vecina le explicó que sólo se lastimó el pie -se fracturó un tobillo-, que se quedara tranquila y que en pocas horas más se reencontraría con ella, lo que se concretó pasado el mediodía en el hospital Samic de Oberá, donde la mujer permanece internada.
El tornado de Colonia Yapeyú, municipio de Guaraní, cambió para siempre la vida de Betiana, sus hermanos y su mamá.
Si bien la fuerza de la naturaleza afectó a una veintena de familias de la zona que padecieron la voladura total o parcial de sus techos (15 personas recibieron atención en el Hospital Samic de Oberá por heridas de diversa consideración), fueron los Lester quienes sufrieron la peor parte cuando una pared se desplomó sobre el hombre de la casa y le produjo la muerte.
“Fue todo muy rápido. Cortó la luz, llovía muy fuerte y de golpe el techo se empezó a sacudir. Mi papá nos dijo que teníamos que salir, que el techo no iba a aguantar y que nos vayamos a la casa del vecino. Cuando íbamos, él preguntó por mi hermano, si ya había salido y volvió a la casa para mirar. Ahí fue que cayó la pared arriba de él”, relató Betiana.
El diálogo con El Territorio, la menor revivió la trágica secuencia y contó que su hermano, de 17 años, ya había salido de la vivienda y estaba guarecido en casa de los vecinos. 
“Ya no había nadie cuando entró de vuelta para ver, pero él pensaba siempre en nosotros. Mi papá se murió porque le quiso salvar a mi hermano”, alcanzó a decir antes de volver a quebrarse. 

Se estaban por mudar
Roberto Da Rosa, amigo de la familia, no tenía consuelo ante el hecho consumado y recordó a Lester como hombre trabajador y apreciado en la colonia.
“Es de no creer lo que pasó. Pensar que mañana (por hoy) le iba a venir a ayudar con la mudanza porque se mudaban a Guaraní. Ellos tienen una casa en el pueblo, pero estaban cuidando esta chacra para el patrón de Juan Carlos. Últimamente no había mucho trabajo, entonces hablaron con la señora, que también está un poco enferma, y decidieron volver al pueblo. Pero justo pasó esta tragedia”, lamentó Da Rosa.
Precisamente, además de la fractura que padeció en la víspera, fuentes de Salud Pública informaron que Vargas padece una patología de base que demandaría algunos días de internación, aunque estaría fuera de peligro. Al cierre de esta edición, sólo la mujer y un niño con una fractura permanecían internados en el Samic.
Además del deceso de Lester y los problemas de salud de su mujer, la familia se quedó literalmente con lo puesto y deberán empezar de cero.
Al respecto, Da Rosa comentó que “ahora los amigos vamos a tener que ayudar a la señora y los chicos. Por suerte tienen su casita en el pueblo, pero el tornado y la tormenta destruyó todas cosas que tenían. Esperemos que las autoridades también les den una mano”. 

Nunca visto
Los vecinos más antiguos de Colonia Yapeyú, situada a unos 15 kilómetros del centro de Oberá, no recordaron un fenómeno climático de la magnitud del registrado en la madrugada de ayer, con vientos que habrían rondado los 200 kilómetros por hora.
“A eso de las 6 empezó a llover muy fuerte y había mucho viento. Calculo que era las 6.30 cuando se escuchó como un zumbido, ruidos de ramas quebrándose y un sacudón de golpe. No duró mucho. Fueron segundos pero hizo un desastre”, graficó Esteban Da Silva (67), cuya vivienda sufrió daños menores por la caída de ramas.
De manera sencilla pero clara, explicó que “el tornado agarró de lleno una franja y destruyó todo lo que había a su paso. Lamentablemente murió un vecino, un buen hombre y padre de familia”. 
Además de una veintena de viviendas, también sufrieron serios daños la Escuela 69 y el Instituto de Educación Agropecuaria (IEA) Nº 13, entidades que comparten el predio.
“No tengo palabras para describir lo que siento. Dolor, impotencia, incredulidad. No sé cómo vamos a seguir, dónde vamos a dar clases. Todavía no caigo”, expresó Gladis Fernández, directora de la Escuela 69.
El tornado no sólo levantó el techo, sino que desestabilizó los cimientos de la estructura.
De todas formas, más tranquila, la directora mencionó que “las autoridades ya se contactaron con nosotros y se pusieron a total disposición. Gracias a Dios no fue en horario de clases, sino estaríamos hablando de una tragedia mayor”.
En eso coincidió Rafael Bezchlibiak, director del IEA 13, quien ponderó que “lo único para destacar es que el tornado se registró media hora antes del ingreso de los alumnos. Si pasaba cuando estábamos acá hubiera sido difícil guarecernos y no quiero pensar las consecuencias”. 

Varios municipios afectados

En Oberá, la tormenta de la víspera dejó un saldo de ocho familias afectadas con la voladura parcial o total de sus techos en los barrios de Cien Hectáreas, San José y Kilómetro Cero. En la localidad de Los Helechos fueron 20 las viviendas perjudicadas, puntualmente en Colonia Samambaya y Colonia Tamanduá. En Campo Ramón el epicentro se registró en Paraje Arroyo Tigre, con siete casas afectadas. Por ejemplo, el vecino José Kripchuk padeció la voladura total de los techos de su vivienda y el galpón. Por su parte, Juan Montenegro comentó que “el tornado vino a las 6.30 y duró menos de un minuto. Fue como tiros y terminó. Tumbó cedros centenarios y las chapas de un vecino volaron más de 700 metros. Fue increíble”. Al cierre de este edición varias zonas padecían la falta de energía eléctrica.


Desde ayer asisten a los damnificados

En horas del mediodía, el gobernador Hugo Passalacqua recorrió Colonia Yapeyú y constató los daños del tornado. Antes, el ministro de Salud Pública, Walter Villalba, se mostró muy consternado por el panorama y remarcó que “ahora vendrá la necesaria asistencia a las familias afectadas. Son momentos de mucha incertidumbre, pero el Estado va estar presente más que nunca”. Asimismo, destacó el trabajo en conjunto entre diversos estamentos del Estado y “la vocación de servicio de los bomberos voluntarios” que trabajaron desde la madrugada asistiendo a los afectados.

 
El recuerdo de San Pedro

Llegar a Colonia Yapeyú ayer por la mañana fue como adentrarse en una máquina del tiempo y retroceder hasta el 7 de septiembre el 2009, cuando un tornado azotó la zona rural de San Pedro y ocasionó la muerte de once personas. Las chapas literalmente enroscadas en los árboles fueron el primer disparador de aquellos recuerdos. Después los postes tendidos, los pinos quebrados de cuajo, las plantaciones arrasadas. Y lo peor de todo: las personas mojadas, tiritando bajo la llovizna, todavía asustadas, llorando. En este caso hubo un solo fallecido, pero la cantidad no hace a la ecuación y el dolor se percibía en el aire. La mirada triste de los chicos sintetizó el desconsuelo.


Por Daniel Villamea
interior@elterritorio.com.ar

El recuerdo de San Pedro

Llegar a Colonia Yapeyú ayer por la mañana fue como adentrarse en una máquina del tiempo y retroceder hasta el 7 de septiembre el 2009, cuando un tornado azotó la zona rural de San Pedro y ocasionó la muerte de once personas. Las chapas literalmente enroscadas en los árboles fueron el primer disparador de aquellos recuerdos. Después los postes tendidos, los pinos quebrados de cuajo, las plantaciones arrasadas. Y lo peor de todo: las personas mojadas, tiritando bajo la llovizna, todavía asustadas, llorando. En este caso hubo un solo fallecido, pero la cantidad no hace a la ecuación y el dolor se percibía en el aire. La mirada triste de los chicos sintetizó el desconsuelo.


“La mano de Dios protegió a nuestra familia” 

Marcelo Gómez de Olivera (44) y Marcela Aguirre (39) tienen dos hijos, una nena de 14 y un varón de 7.
Hace un año dejaron la provincia de Santa Fe en busca de otros aires: fue entonces que se instalaron en Caá Yarí. La mañana de ayer los sorprendió de la manera más hostil. Fuertes ráfagas golpeaban contra las paredes de su vivienda. El techo desapareció en pocos minutos. El ruido de chapas, árboles quebrados hacía temer lo peor. En ese panorama de película de terror, Marcela corre a la habitación de los niños donde logra encontrar refugio en la cama cucheta. Se abraza a sus hijos y se aferra a la fe.
“Nunca vivimos una situación así. Fueron cinco minutos de los más difíciles. Pero acá estuvo la mano de Dios que protegió a la familia. Fue una desgracia con suerte. Somos cristianos y hoy más que nunca sabemos que Dios siempre está”, dijo Marcelo. 

Por Griselda Acuña
interior@elterritorio.com.ar

“No me muevo de mi casa”

La casa de Helga Hildebrand (48) está ubicada a unos tres kilómetros de la ruta provincial  25 del municipio de Caá Yarí. Desde la picada se puede ver su vivienda destechada y un sinnúmero de árboles que cubren su chacra.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día, en su recorrida para evaluar las necesidades de los vecinos, intentó evacuar a la mujer pero fue imposible convencerla. “Es sólo daño material, gracias a Dios estamos todos vivos. No me muevo de mi casa. No tengo problema de agarrar serrucho, martillo y empezar de nuevo (...), yo me arreglo sola, me sé defender”, aseguró la mujer, que al momento del temporal estaba acompañada de sus dos hijos: Máximo (26) y Luis (16) .
“Empezó a las 6 de la mañana. Escuchaba los ruidos arriba del techo. De mis galpones volaron todos los techos. Las plantas como canela, paraíso, todo sacó de raíz el viento. El monte está todo por el suelo”, relató. 


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