Una vida marcada por los diarios

Martes 6 de noviembre de 2018 | 16:00hs.
María Elena Hipólito

Por María Elena Hipólito sociedad@elterritorio.com.ar

Es uno de los oficios más antiguos y que aún resiste los embates del tiempo y de las nuevas tecnologías que trajo el progreso.

El canillita sigue saliendo a las calles, apostándose en las esquinas de la ciudad ofreciendo entre sus manos los diarios, ese papel que les mancha las manos de tinta y al mismo tiempo los hermana en una relación cordial y de confianza con la gente.

Estos repartidores de diario, reconocidos desde 2009 como trabajadores y no como vendedores, festejan su día mañana, por lo que tendrán su merecido descanso ya que no se imprimirán ejemplares.

El Territorio les rinde homenaje a todos ellos a través de la historia de José Godoy (61) que en junio de 2019 cumplirá 50 años de incansable laburo.

José comenzó a vender diarios a los 11 años cuando llegó a Posadas desde Jardín América junto a su numerosa familia compuesta por sus padres y once hermanos. “En realidad éramos catorce pero dos se murieron cuando eran chiquitos”, se explayó sobre los suyos.

“Nosotros éramos muy pobres y cuando llegamos a Posadas papá estaba muy mal, tenía cáncer. Entonces un vecino que vendía diarios me invitó y yo acepté, aceptó también mi mamá que era la que mandaba en casa”, contó sobre sus inicios en aquel entonces cuando tenía apenas 11 años.

Uno de los hermanos de José, que arrancó casi en simultáneo con él, continúa con el oficio pero en la zona de la rotonda. Sin embargo, varias de sus hermanas también lo fueron “y llegamos a ser unos 20 titulares de zona entre hijos, sobrinos y hermanos”.

Este canillita tiene su puesto de diarios y revistas hace ya varios años en la esquina de las avenidas López y Planes y Lavalle, pero en la madrugada reparte los diarios casa por casa. Se levanta todos los días a las 2 de la mañana para hacer los repartos en la bicicleta, luego descansa un rato para a las 7 ya estar abriendo su puesto en el que atiende con buen ánimo hasta las 12.30.

“Cualquier trabajo serio se hace con responsabilidad. Antes nuestro trabajo estaba muy relegado, despreciado. Yo por mi parte traté de dignificarlo en los ambientes en los que estuve. En la escuela los chicos se burlaban de mí porque era canillita, pero no me importó y les demostré que lo hacía con gusto y con amor”, relató el hombre que es padre de cinco hijos y tiene tres nietos.

Comparando la situación actual con la de sus inicios como canillita, José reconoció que antes los diarios se vendían mucho más, por lo que la ganancia que obtenía a cambio era bastante alta, a tal punto que pudo costear la educación de sus hijos con la profesión. Por otro lado, consideró que “aún les queda mucha vida a los diarios, después seguramente vendrá otro sistema y tendremos que adaptarnos, como a todo”.

Además de ser canillita, José fue en simultáneo vendedor de chipa y de helados y cursó la secundaria en la escuela Comercio Nacional N° 1 (que ya no funciona). “Yo siempre trabajé de otra cosa y cuando estudiaba dormía sólo una hora, a veces dormía con un compañero en la vereda porque no llegábamos al colectivo y a la madrugada ya teníamos que estar de vuelta para vender los diarios”, contó José, quien en el 79 logró comprarse un auto y de esa manera podía ir hasta su casa a dormir un poco.

Casi medio siglo de trabajo como canillita y recorriendo la ciudad, el hombre pudo ver y apreciar los cambios que se vinieron en la ciudad: calles de tierra y con poco alumbrado público formaban parte de sus recorridos por la madrugada capitalina.

Si hay algo que no se borra del rostro de José es la sonrisa. Se lo podría definir como un tipo agradecido, que vivió y tomó todo lo positivo de las experiencias que se le presentaron. Una de las anécdotas que guarda con más cariño es aquella cuando el ex presidente Umberto Illia visitó su escuela y se sentó a su lado. “Yo le conté que era canillita. Tenía mucha humildad, trataba al otro como un señor y con respeto”.

Es así que para finalizar José les dejó un mensaje a sus colegas en su día: “Les digo que hay que perseverar. Pienso que es un trabajo difícil pero hay que creer en Dios, que él los va a guiar; y que tienen que ser honestos.


¿Por qué se celebra el Día del Canillita?

El término canillita para denominar al repartidor de diarios y revistas viene del sainete homónimo de Florencio Sánchez. En el relato, canillita era el apodo del personaje principal: un adolescente que trabaja como vendedor de diarios. Como era muy pobre tenía un único pantalón que a medida que pasaba el tiempo le fue quedando chico y se le veían las canillas. La conmemoración del Día del Canillita cada 7 de noviembre tiene que ver con la fecha de muerte del escritor. La denominación se volvió popular no sólo en Argentina sino también en Chile, Uruguay.
El músico uruguayo Jaime Roos hasta les dedicó una canción llamada ‘El grito del canilla’, en el que expresa “quiero escuchar el grito del canilla y descubrir en sus manos entintada la verdad, y compartir la fuerza de la bohemia, que a la madrugada apremia con la luz de su amistad”.

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