Vecinos de Colonia Gisela reclaman una ruta que los saque del aislamiento

Lunes 24 de junio de 2019 | 00:00hs.
Nazarena Torres

Por Nazarena Torres politica@elterritorio.com.ar

Los vecinos de Colonia Gisela se sienten abandonados y aislados. El pequeño pueblo a la ribera del Paraná pertenece al municipio de Polana pero comparte terrenos con General Urquiza, y ambas comunas se encuentran divididas por tan solo una calle.

Si bien hace tiempo se encuentran asentados allí, la falta de infraestructura es notoria, puesto que la colonia cuenta con solamente un Caps y una dependencia policial inaugurada recientemente. Ni siquiera hay antenas de teléfonos, por lo que la señal es inexistente.

Pero lo más reclamado por los lugareños son los caminos que conectan el pueblo con los municipios, debido a la imperiosa necesidad económica que los motiva a intentar sacar a toda costa la producción.

La vía desde Gisela a Jardín América cuenta con más de 33 kilómetros, mientras que de Gisela a Urquiza hay más de quince. La dificultad radica en que ambos caminos para salir del pueblo hasta la ruta son de tierra y se encuentran en mal estado.

Sobre esta última conexión (Urquiza-Gisela), los vecinos solicitaron el asfaltado mediante la junta de firmas, teniendo en cuenta que se trata de una ruta muy utilizada para sacar la producción y una vía rápida hacia la ruta 12 en dirección a la capital provincial.

Es que, según manifestaron, los días de lluvia no se puede entrar ni salir. Transitar por ese camino se vuelve inasequible y todo un desafío. 
En partes se torna tan liso que los automovilistas no pueden controlar los vehículos y en otras partes, el barro que se forma es tal que cualquier auto, camión o colectivo puede quedar atascado. 

Todo esto imposibilita que puedan sacar la producción o que los pobladores puedan dirigirse a sus lugares de trabajo, como sucede incluso con los docentes, que no pueden llegar a dar clases a la colonia. 
Ni hablar si hay alguna emergencia o se debe trasladar a alguien al hospital; los caminos son realmente un obstáculo para la movilidad. 

Naturalizar el olvido

En la nota que fue elevada al gobierno de la provincia, los vecinos indicaron haber sido “una población próspera”, pero que no les fue permitido seguir creciendo, como en el caso de otras comunas asentadas incluso de forma posterior.

“Realmente nos sentimos abandonados, a pesar de que tenemos posibilidades en actividades agropecuarias, turísticas y otros emprendimientos”, dijeron. 
En este marco, El Territorio llegó hasta la colonia para constatar la situación.

Una de las vecinas, Teresa Espinoza, adujo que realmente es grave el panorama, sobre todo teniendo en cuenta que se encuentran aislados y olvidados. 
“Es feísimo cuando llueve, imaginate si se enferma alguien. Cuando se enferma o cuando una mujer va a tener bebé, los vecinos buscan la manera de ayudarla porque pusieron una ambulancia en el Caps, pero por ejemplo hoy no está, pareciera que sólo por las elecciones fue”, declaró. 
“Una chica falleció por falta de oxígeno en el Caps, es muy grave”, sostuvo.

En sintonía, Ángela Atamañuk aseveró que se trata “de un pueblo agricultor”, por lo que es realmente necesario que los caminos se encuentren en buen estado. 
“Lastimosamente uno se acostumbra a manejarse así, los colectivos no entran, los docentes no pueden venir a dar clases y si alguien se enferma hay que recurrir a la enfermera; es triste y realmente no se puede seguir así”, acotó. 

Colectivos, con suerte

El matrimonio de Feliciano Benítez y Zunilda Gallas vive hace unos 30 años en el pueblo y contó algunas de las dificultades que se presentan con los caminos a la hora de la rutina diaria. Una de ellas es la del transporte.

Es que, según argumentaron, “ni bien caen unas gotas ya el colectivo no entra”, dejando a pie a los vecinos que tienen que caminar kilómetros para llegar a sus casas, muchas veces bajo la lluvia y pisando el frondoso barro.

“Hay un montón de chicos que vienen o van al colegio y si llueve ya no entra el colectivo y se quedan sin transporte. Dos veces al día pasa el colectivo, pero si llueve por ejemplo al mediodía, a la tarde ya no anda y la gente se larga caminando, otra no queda”, explicó Zunilda, quien en tiempos pasados se desempeñó como docente en Santo Pipó. Hoy, junto a su esposo, que era comerciante, trabaja en una chacra en Gisela.

“No está lindo el camino que sale a la ruta, antes incluso estaba peor. Yo transito mucho por ese camino. Más vale que nos hace falta el asfalto a nosotros, es una necesidad”, dijo Feliciano.

A lo que Zunilda añadió: “Solamente pedimos una salida buena a la ruta porque los días de lluvia son terribles. El asfalto sería lo ideal, hace 30 años que estamos acá y nada, no vemos avance, no pedimos mucho tampoco”.

Por su parte, Teresa Silvero también detalló que “si llueve una semana los chicos no tiene clases toda esa semana. Acá hubo un mes que llovió de seguido y ese mes perdieron las clases, los docentes no podían entrar, se quedaban por el camino”.

De igual forma, María Estela García contó que, en una ocasión, “mi nene se enfermó y la intendente de Urquiza fue la que me pagó el remís para llevarle al médico porque colectivos no hay, y no estaba la ambulancia en el Caps”.

Por eso, los vecinos creen que la ruta beneficiaría en gran medida a la población, tanto de Gisela como de Urquiza, conformando una microrregión socioeconómica. Además, contribuiría al desarrollo de un pueblo que tiene impulso, pero le falta apoyo. Un pueblo trabajador y con vecinos preocupados, interesados en salir al mundo, en el progreso, en el futuro. 

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